Revista de filosofía

Editorial del Número Especial COVID-19

827

Caos: el leve aleteo de una mariposa, en tiempo y circunstancias adecuadas, dicen, puede desencadenar una tormenta al otro lado del mundo. Ello, el grácil movimiento de la mariposa que deriva en sequía y tempestades, representa esa presencia silenciosa de lo ínfimo insuflándose en la trama majestuosa del orden visible. Igualmente: una tos, un estornudo, quizá hasta un amable saludo, allá, en ese lugar, aparentemente distante, llamado Wuhan, es el pequeño gesto que hoy arrastra a la catástrofe al mundo conocido. Un actor es nuestro representante del caos, COVID-19, y, nadie puede negarlo, es la gota microscópica que derrama el vaso de un mundo “coronado” de pobreza, desigualdad y racismo. Inverosímil: un fragmento microscópico de ADN, la cosa más simple del mundo, ha hecho trastabillar la estabilidad de los estados y el sueño perenne del progreso.

 

Los países, con todas sus medidas sanitarias, no han logrado impedir el avance de un virus cuyos movimientos retan, todos los días, los esfuerzos de los gobiernos. En un fragmento de Mil mesetas, Félix Guattari y Gilles Deleuze ilustraron la diferencia entre la máquina de guerra y aparato de Estado con dos juegos: el ajedrez y el Go. Mientras que el ajedrez (juego nacido en la Corte) supone piezas jerárquicas que se despliegan intentando acorralar al contrario; en el Go (Weiki) una sola pieza (guijarro), de movimiento simple, puede “capturar” cadenas de fichas del adversario, todas las fichas “valen” lo mismo, así, cada una puede ser, estratégicamente, mortal ¿Quién puede negar que la partida que juega la humanidad por su subsistencia tiene que ver más con el movimiento nómada del Go (máquina de guerra inesperada) que con la lógica de un juego de ajedrez? Un solo infectado (cualquiera que sea su clase social, rango, creencia, sexo, etc.) puede contagiar a miles, “tomar” territorios, derrumbar ciudades y hegemonías políticas. De tal suerte, como en el Go, la estrategia es atajar al intersticio, a la distancia entre los cuerpos. Pero ¿Se puede ganar una partida en un tablero tan inmenso como la tierra y con piezas tan numerosas como aquellas que suman todos los seres humanos? Parece imposible.

 

Por cada avance significativo del virus se abre un flanco nuevo para la humanidad: la economía cae, el lazo social se rompe, las diferencias de género se profundizan, las adicciones se disparan, los totalitarismos se afianzan. Dominó del desastre donde una pieza tira a la otra hasta llegar al colapso.

 

Estados Generales es ese suceso del orden político que, en la Francia del siglo XVIII, convocaba a los tres poderes efectivos (clero, nobleza y estado llano) para transitar las crisis, hoy, en medio de la urgencia sanitaria más importante del naciente milenio, los pilares del conocimiento (ciencias y humanidades) han de ser llamados a Estados Generales para dar respuesta a este acontecimiento complejo, múltiple y diverso. Ni que dudarlo, hoy, como nunca antes, la labor del pensar se vuelve imperativa.

 

Este número de Reflexiones Marginales representa un esfuerzo por hacer concurrir las voces que permitan comprender el caos presente; fragmentos de sentido hilvanando un mundo en derrumbe. Sea este número la contribución que una parte de las humanidades hace para palear una crisis que, parece, apenas muestra sus primeros embates.

 

Ramón Chaverry