Revista de filosofía

El regreso de la metafísica

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Jorge Ignacio Ibarra Ibarra, El regreso de la metafísica y la tradición, Universidad Autónoma de Nuevo León, México.

 

¿Qué debemos entender por metafísica?

El Jorge Ignacio Ibarra en su obra nos introduce a una problemática contemporánea donde la reflexión no solo se vuelve pertinente, sino necesaria: El problema del fundamento. En esta obra debemos de entender a la metafísica como la capacidad de dar fundamento a la realidad humana y que se muestra en su comunidad en las tradiciones. El fundamento de la existencia que tiene una comunidad, su comprensión del mundo, y que revitaliza con las tradiciones es lo que reflexiona esta obra.

“La consideración de la tradición como depositaria de la verdad que une a las generaciones y es expresión de una verdad última tanto como absoluta sirve para caracterizarle como un conjunto de prácticas en las cuales se reconoce este rasgo de autoridad y fundamento metafísico”.[1]

El fundamento de una sociedad humana se encuentra y se revitaliza en la tradición. Esta es la que permite la unión entre una comunidad presente y no solo eso, sino que la conecta con sus ancestros. En la tradición se puede iniciar un dialogo con las personas que construyeron el mundo que legaron y dieron un sentido de mundo a sus herederos. “La tradición como una de las expresiones de tal fundamento expresa a su vez que tenemos necesidad de ese piso en cualquiera de sus formas”.[2]

 

Una reivindicación de la tradición

La tradición es aquella que permite una revitalización del “sentido del mundo”, y en la cual permite una unión y apertura entre el hombre del presente y el del pasado. Este aprecio por el pasado y su intención de heredar se aprecia en el mundo griego y en el medieval. Esto lo podemos encontrar en el mismo Aristóteles cuando discute en su libro II de la Metafísica con la tradición filosófica que ya tenía atrás de él, también los medievales con la figura de Tomas de Aquino se vislumbra en las discusiones que tenía con la tradición de la patrística en la Suma Teológica.

Señala Ibarra:

“Ligado a la tradición aparece frecuentemente la cuestión de la transmisión del conocimiento, pue el conocer debe de basarse en la autoridad del saber pasado o bien fundarse en la opinión del sabio. La cuestión anterior se trata en la filosofía griega a través de la observación que afirma que debe seguirse una tradición en el sentido de una continuidad como un diálogo que expande o corrige las ideas filosóficas llevándolas a nuevos límites”.[3]

Entendido así la tradición, no se constituye como una forma rígida de vida que se impone desde arriba para moldear homogéneamente la vida de las personas, sino que es un compartir un conocimiento adquirido sobre las vivencias existenciales de los ancestros para discutir y dialogar con ellas. Exige entonces que la tradición se transforme, y es ahí donde muestra que ésta viva.

“En el panorama de una modernidad encaminada en la técnica, la tradición, nos dice Ramirez, es posibilidad abierta antes que cerrazón, dado que dichas prácticas tradicionales son antes que nada realización, diálogo, capacidad de formación de conceptos. Igualmente nos recuerda éste mismo autor: la tradición no es pasividad sino crítica, pues al efectuarse una toma posición sobre el mundo se hace ya desde una posición determinada precisamente por la herencia, esto es, desde una tradición o práctica tradicional”.[4]

Y es en ese diálogo, discusión y encuentro donde el hombre puede hacer comunidad. Es un autentico encuentro con el otro que me interpela, me hereda, lo tomo, lo observo y busco enriquecerlo con mi experiencia existencial de lo real. Incluso sin ella no puedo tener una experiencia de “Mundo”, ya que el “Mundo” se hace de manera comunitaria, no individualmente.

Y ese “Mundo” esta en constante movimiento y se revitaliza, dando una razón de la existencia individual en la colectividad. No borra la originalidad de la persona, sino que le da algo con que revitalizar su originalidad. “El mundo tradicional, nos une y convoca en rituales y ceremonias, participación y simpatía, otorga una identidad y un sostén existencial”.[5] Más adelante escribe: “De tal manera, podríamos decir que las tradiciones apuntan hacía el pasado en sus orígenes, depositarias de memoria, pero sin duda se encuentran enraizadas en éste mundo y ello nos exige una visión tanto de amor hacía ellas como de su transformación”.[6]

 

¿Modernidad con amnesia?

La discusión con la tradición señala Ibarra, parece ya no ser prioridad para el proyecto moderno. Ni les interesa volver a recurrir la memoria de los griegos, como se puede apreciar con Aristóteles donde en su Libro III de la Metafísica recoge los saberes de sus antepasados y dialoga con ellos; también el apreció de los medievales por su tradición, como Santo Tomas en su Summa Teológica, no importa más para el proyecto moderno.

A la Modernidad ya no le interesa, y no le interesa no por ingenua, sino por un proyecto prometeico-gnóstico. Donde se tiene que olvidar el pasado para seguir adelante. Ya diría la famosa frase moderna de los “ilustrados”: “Siempre para adelante”.

Escribe Ibarra:

“Así entonces frente a la valoración medieval de la tradición y la autoridad sobreviene el momento negativo de la tradición o bien su estigmatización como fuente de ignorancia y dogmatismo al comenzar la edad moderna, misma en que paulatinamente va dibujándose la tradición y lo tradicional como aquel ámbito espiritual baluarte de verdades contra el cual dirigen sus ataques los pensadores ilustrados o bien decimonónicos”.[7]

Ante esto tendríamos que preguntarnos seriamente si: “¿Occidente podrá sobrevivir a la modernidad?”. Ibarra señala que, en nuestras sociedades globalizadas y liberales, donde se ha originado una erosión en el sentido de comunidad entre las personas, tienen de raíz el proyecto de la modernidad, la cual imposibilita un “Sentido del mundo”.

Y nuestra modernidad, prometeica y muy racional, ha transformado a la tradición en una boutique de consumo para el turismo[8], quitándole toda posibilidad de decir algo del “Mundo”.

 

El peligro del “Identitario” moderno.

Y no solo hay un lado de “olvido” en la modernidad de la tradición, sino un momento “identitario” que se fundamenta en la exaltación de los caracteres nacionales y raciales para fundamentar un “Mundo” cerrando la posibilidad de los “otros”. Ibarra señala muy bien este peligro de la modernidad:

“Al igual que en otros países en México hay quien reacciona con solicitud, bien en nombre del nacionalismo bien a nombre de otras razones trascendentes, a una “defensa” de las tradiciones a través de mecanismos del Estado como apoyos directos a integrantes de danza, artesanos, comunidades, asociaciones, promotores, y otros más. Se llega entonces a la formulación de los llamados defensores de un folclorismo anquilosante y pintoresco denominados por Luis Díaz, Guardianes de la Tradición los cuales constituyen lo popular con un sesgo nacionalista y xenófobo, otorgando a ciertas prácticas el mote de valiosos, o bien, o digno de representar el alma del pueblo”.[9]

Sin embargo, esta visión de la tradición destruye lo que originalmente es: Una apropiación del pasado no para congelarlo y preservarlo de manera estática, sino entrar en discusión con ella para que siga teniendo influencia sobre las personas presentes. Una visión de la tradición como una cuestión puramente identitaria es peligrosa, y cierra totalmente la apertura al otro y al Otro.

 

En conclusión.

Estamos ante una obra que pretende abordar el problema de la tradición y la modernidad, y señalarlo como uno de los problemas fundamentales de nuestra época. Es sin duda una crítica de la modernidad desde la reivindicación de la tradición ante el olvido sistemático del pasado que la modernidad poco a poco a impuesto y ante el identitario que pretende un regreso a un “pasado glorioso” que no existe y que conlleva un encerramiento del “Mundo” para con el otro. Un libro que vale la pena discutirse y reflexionarse.

 

Bibliografía

Jorge Ibarra, El regreso de la metafísica y de la tradición, Universidad Autónoma de Nuevo León, México, 2017.

 

Notas

[1] Jorge Ibarra, El regreso de la metafísica y de la tradición, ed., cit., pp. 18.
[2] Ibídem., pp. 74.
[3] Ibídem., pp. 16.
[4] Ibídem., pp. 56.
[5] Ibídem., pp. 38.
[6] Ibídem., pp. 39.
[7] Ibídem., pp. 19.
[8] Ibídem., pp. 40.
[9] Ibídem., pp. 40-41.