Revista de filosofía

Filosofía en tiempos de pandemia

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BUSTO DE EPICURO (SIGLO II D.C.)

 

Resumen

El siguiente trabajo busca estudiar la situación que se está viviendo a raíz de la pandemia causada por la propagación del COVID-19. Para ello se usarán algunos conocidos eslóganes filosóficos para replantearlos en este contexto. 

Palabras clave: pandemia, coronavirus, filosofía

 

Abstract

The following work seeks to study the situation that is being experienced as a result of the pandemic caused by the spread of COVID-19. For this, some well-known philosophical slogans will be used to rethink them in this context. 

Keywords: pandemic, coronavirus, philosophy

 

Desde el Perú, la experiencia del coronavirus es agobiante. Las noticias, las autoridades, los militares y los médicos: todos ellos están jugando un papel en estos momentos. Cada día sale el presidente Martín Vizcarra a las 12 p.m. en televisión a informar sobre el avance del virus y las nuevas medidas que se han decidido tomar para contenerlo. En las redes, la desobediencia civil y el mal ejemplo abundan. Aunque también hay muestras de civismo como; por ejemplo, el aplaudir desde los balcones o el repartir comida entre los más necesitados. Muchas noticias, buenas y malas e incluso contradictorias son propaladas a la vez y saturan no solo la red sino también la mente de todos. Estamos entrampados en un continuo random de novedades dañosas y expectantes. Para tratar de ponerle orden a ese caos epistémico se ha intentado (como jugando) modificar algunas conocidas frases filosóficas para adaptarlas a este contexto. Las frases recorren toda la filosofía occidental desde sus inicios y en orden. Se menciona a Protágoras, Sócrates, Aristóteles, Agustín, Descartes, Locke, Berkeley, Kant, Hegel, Marx, Nietzsche, Heidegger y Wittgenstein. Termina esta investigación una conocida frase de Manuel González Prada para no olvidar el contexto particular desde el cual se escribe este trabajo: el Perú.

 

El contagio es la medida de la todas las cosas

Protágoras, un maestro sofista, había planteado que el hombre era la referencia de todo lo demás, pues todo cobraba sentido dependiendo de sus intereses. La frase es: “El hombre es la medida de todas las cosas” y fue transmitida, entre otros, por Platón.[1] En este contexto de enfermedad y muerte, cabe dudar de la verdad de esa frase, puesto que ahora es el temor a contagiarse lo que está organizando nuestras vidas y nuestros deseos. ¿Se podría decir aún que todo se acomoda a los designios humanos? Alguien podría pensar que incluso esta interrupción de nuestra cotidianidad obedece a los deseos de sobrevivir de parte de la especie humana. Sin embargo, parece que fuera (y esta es la explicación más simple: Ockham estaría orgulloso) que estamos a merced de un desconocido e invisible enemigo. De ahí que estemos siendo organizados y disciplinados con relación a la socialización y la higiene. La biopolítica señalada por Foucault ahora es más notoria y se están siguiendo los pasos señalados por Esposito[2] para manipular nuestra actividad cotidiana mediante políticas sanitaria.

 

Solo sé que no sé si soy inmune 

Sócrates, mártir del pensamiento filosófico griego, sostenía que no sabía nada, según transmite la Apología de Sócrates escrita por Platón.[3] Se dice que era una gran muestra de humildad el aceptar que hay cosas que no puede conocer incluso aquel a quien el oráculo délfico había señalado como el más sabio. La soberbia era un mal muy difundido tanto en su época como ahora. La gente cree saber más de lo que, en realidad, sabe. Así pues, en medio de la pandemia surge otra forma de ignorancia más mortífera: el creerse indestructible. Aún hay algunos que piensan que el coronavirus solo ha venido a llevarse a los débiles y ancianos. Pero, hay casos de personas saludables que tras el contagio murieron y formaron parte de la estadística.[4] El hecho de creerse indestructibles se verifica viendo la cantidad de personas aglomeradas en los mercados habiendo una restricción oficial por parte del gobierno. Incluso, aunque el presidente decidió restringir la medida a una cuestión de género (lunes, miércoles y viernes para hombres y martes, jueves y sábado para mujeres) los mercados y centros de abastos lucen congestionados. Muy pocas personas respetan la distancia mínima de 2 metros. La idea de evitar la cadena de contagio no parece formar parte de las prioridades de algunos ciudadanos irresponsables.

 

Amigo de la cuarentena, pero más amigo de la libertad 

Para Aristóteles, el Estagirita, el maestro de los que saben: Platón, era admirable; sin embargo, más admirable aún era el amor por la verdad.[5] En estos tiempos, donde se han restringido libertades básicas para evitar la propagación de la enfermedad es inevitable confrontar los conceptos de cuarentena y libertad. Roberto Esposito[6] considera que la democracia en tiempos de coronavirus no proviene de una voluntad propia sino de una necesidad de contener el avance del virus. Aunque hay militares en las calles esto es una democracia. Asimismo, la inmediatez y efectividad de las instituciones se está volviendo algo más evidente y se está renovando la relación entre política gubernamental y movimientos políticos. Esto hace que esta democracia sea muy especial. Así pues, una cosa es estar en cuarentena por propia voluntad, pero otra cosa muy distinta es estar obligado a estar en cuarentena. Aunque se esté recortando nuestro derecho a ir a donde nos plazca (pues uno solo puede desplazarse a la farmacia, al banco o al mercado), somos conscientes que lo hacemos por un bien mejor y para evitar un mal mayor. Somos amigos de la cuarentena porque entendemos su necesidad, pero somos más amigos de la libertad porque queremos vivir en un mundo donde se pueda volver a tener (aunque sea) una seguridad mínima para transitar.

 

Creo en el COVID-19 para entender el COVID-19

Sigue habiendo personas que no creen que esto sea para tanto. Algunos piensan que se trata de una patraña, de una estrategia, de una exageración. Las teorías conspiracionistas abundan. Pero, las cifras no mienten y lo bueno de las democracias es que no pueden evitar que otras instituciones las vigilen y controlen a diferencia de los regímenes autoritarios (China, Corea del Norte) en los que es posible ocultar los números. Para Agustín, hay que creer primero para entender después los aspectos más misteriosos de la religión.[7] Su posición intentaba convencer de que la creencia en Dios es paso previo para la comprensión de su contenido espiritual. Análogamente, debemos plantear que en estos momentos ya no se puede poner en duda que esto es real, esto no es un fantasma creado por el pánico como creía en un primer momento Agamben[8] quien al ser rebatido por Nancy[9] cambió de parecer virando hacia una postura pesimista.[10] Sólo creyendo en la existencia del coronavirus se podrá entender su impacto e importancia. Para los científicos no hay duda de que el coronavirus existe, lo que están investigando es la vacuna. Igualmente, para los filósofos y amigos de la ciencia no debe haber duda de que existe este mal, de lo que se trata ahora es de interpretar lo que este extraordinario acontecimiento nos está diciendo sobre nosotros mismos.[11]

 

Me infecto, luego existo

Todos los días crece el número de infectados y resaltan aún más los casos de muertos. Las intenciones del gobierno es no colapsar el sistema público de salud como ha ocurrido en España, Italia y Ecuador, triste referentes para no imitar. Es esa estadística tanática y enfermiza la que está prevaleciendo en nuestra mente. El presidente Vizcarra, diariamente, revela cómo va la situación y los medios difunden las cifras. Esos números son los protagonistas de estos complicados tiempos. Descartes, padre de la filosofía moderna y racionalista francés, al sostener que el pensamiento era señal de existencia[12] vivía en tiempos relativamente tranquilos. En medio de la crisis ocasionada por la pandemia, las personas prefieren no existir formando parte de esas aniquilantes noticias. Hoy realmente solo existen los que están infectados porque a diferencia de una simple gripecita (como afirmaba al principio Bolsonaro aunque después cambio de tono al respecto) el grado y velocidad de contagio del coronavirus es tan elevado que tan solo uno puede hacer la diferencia: basta solo un infectado para que el temor vuelva a expandirse.

 

Nada hay en el virus que no haya estado antes en el miedo

Los virus siempre han sido un enigma. Son una especie de parásitos que no pueden sobrevivir si no es infectando y arrasando lo vivo. Pero en realidad, los virus resultan siendo una proyección de nuestros temores ya que no los podemos ver, pero ahí están. Ese enemigo invisible e intangible es uno de los tantos miedos de los que somos presa habitual. El virus en sí no busca conquistar algo específico o arrebatarnos alguna preciosidad que guardamos con preocupación, no hay forma de sobornarlo o hace tratos con él para que no nos amenace. La única forma de combatirlo es impidiendo que cumpla su ciclo de muerte y destrucción. Para Locke, todo aquello que llamamos racional siempre ha estado antes en los sentidos: la experiencia es previa a todo saber y no nacemos con ideas innatas.[13] Al respecto podemos sostener que no nacemos teniendo miedo, lo aprendemos, por ejemplo, al escapar de un perro que nos quiere morder, al evitar quemarnos con el fuego o al lavarnos las manos constantemente para evitar el contagio. El miedo siempre ha sido uno de los mecanismos de evolución más eficientes para sobrevivir y hoy esto se ha vuelto política de estado. La encarnación de aquello que nos causa miedo ha sido variable: monstruos, asesinos, fantasmas, guerras, saqueos, inundaciones, terremotos. Ahora tenemos al coronavirus 2 del síndrome respiratorio agudo grave (SARS-CoV-2) como nuevo protagonista.

 

Ser es ser diagnosticado

Berkeley, obispo de Cloyne, idealista subjetivo, planteaba que aquello que existe, existe únicamente si es percibido por una mente.[14] La mente solo almacena ideas y lo único que existe son esas ideas entendidas como percepciones que un sujeto realiza. Este concepto se puede aplicar perfectamente en estos momentos. Nosotros realmente no sabemos si tenemos o no el COVID-19. Aunque no lo vemos (pues no es visible al ojo humano), podemos saber que está ahí por sus manifestaciones sintomáticas. Sin embargo, un número muy grande de personas son asintomáticas. De todas maneras, hay que actuar como si tuviéramos el virus: con mascarillas, con guantes y aprendiendo a estornudar correctamente. Por ello, tenemos que andar con un sano miedo por la ciudad mientras hacemos nuestras compras para el almuerzo diario. Curiosamente, solo pueden hacerse las pruebas aquellas personas que sean sospechosas de tener el virus. Esto debido a la escasez de las pruebas para detectar la presencia del virus. Es decir, si yo (siendo asintomático sin saberlo) solicito hacerme una prueba para saber si tengo o no el virus, mi petición será rechazada por el gobierno. Así, como hay casos asintomáticos realmente no sabemos quién esta, sin querer, propagando el virus en su casa o en su barrio o en su edificio o en su condominio. De este modo, solo existe real y letalmente aquel que ya fue diagnosticado. Esa incertidumbre es la parte menos digerible de todo este asunto. Hace recordar a los enunciados indecidibles que estudia la lógica intuicionista. Por ejemplo, la conjetura de Goldbach (“Todo número par mayor que dos equivale a la suma de dos números primos”) es aceptable porque no se han encontrado contraejemplos, pero no hay una prueba matemática y determinante de la misma. Análogamente, la frase “Soy asintomático” debe ser considerada como verdadera, aunque no exista una prueba tajante que la demuestre.

 

Las consecuencias de la pandemia son incognoscibles 

Kant, ilustrado alemán, sostenía que no podemos conocer el noúmeno, siempre la esencia estará vetada de ser conocida por nosotros.[15] A lo mucho sólo accedemos a fenómenos, a apariencias. En este contexto, hay que sostener que estamos conociendo los estragos que causa el virus en nuestra sociedad, pero no conocemos aún sus consecuencias. Así, Polo considera que cuatro ecologías (la medioambiental, la social, la mental y la integral) se han puesto en el centro del debate a raíz de estos últimos acontecimientos.[16] La naturaleza se está regenerando, la sociedad está aprendiendo a convivir bajo nuevos imperativos, la salud mental está poniéndose a prueba para determinar si somos capaces de estar con nosotros mismos y la complejidad del asunto nos revela que todo está conectado. La mayoría está de acuerdo en que nada volverá a ser como antes. Pero no especifican a qué se refieren. No sabemos qué pasará después (si superamos esto). No sabemos si la economía será fatal, si el trabajo será accesible, si la circulación se normalizará, si el número de muertos rebasará las expectativas. Otros dicen que lo peor está por venir. Pero, de nuevo, no dicen qué vendrá. ¿Acaso el pobre se volverá más pobre? ¿cómo puede ser eso posible? ¿qué otros derechos nos serán vetados?

 

Todo lo irracional es irreal y todo lo irreal es viral

Hegel, idealista absoluto del siglo XIX, sostenía que “lo que es racional es real; y lo que es real es racional”.[17] Esta complicada frase indica que todo, tanto lo mental como lo material, guarda una conexión lógica dialéctica subyacente, el panlogismo hegeliano se revela en el sentido de esta expresión filosófica. En estos difíciles tiempos habría que contextualizar la frase dentro del tema de las redes sociales y su sentido de lo viral. Lo gracioso, lo llamativo, los absurdos challenges, las fake news, todo ello inunda el espacio virtual en las redes sociales y compiten en igualdad de condiciones (y esto es lo increíble) con canales de difusión científica y tecnológica. Incluso con buenos programas de edición de video puede hacerse una transmisión en vivo del supuesto fin del mundo. Todo lo sinsentido es irreal, todo lo pragmáticamente contradictorio es pura ilusión. Sin embargo, esa pura ilusión se está volviendo viral en el sentido virtual del asunto. La ilusión está propagándose por medio de la red social incluso más rápido que el coronavirus. Si uno busca noticias sobre la pandemia encontrará de todo: la posverdad se ha apoderado de todas las fuentes. La ironía la puntualiza Byung-Chul Han: “En la época de las ‘fake news’, surge una apatía hacia la realidad. Aquí, un virus real, no informático, causa conmoción”.[18] En busca de temas virales o queriendo viralizar una producción propia, la realidad nos ha concedido ese deseo volviendo a la humanidad misma el tema del momento: esto parece un talk show donde la Tierra está siendo penosamente expuesta en sus más oscuras vergüenzas. Utilizando una analogía: en lógica clásica, cuando se acepta una contradicción dentro del sistema, este se vuelve trivial porque permite que cualquier cosa sea aceptable como válida. Tal vez, el hecho de que no hayamos aprendido a disciplinarnos en una guía sensata y confiable (incluso en la búsqueda de información fidedigna) sea algo más mortífero que el mismo coronavirus.

 

TOMADA DE EL PAÍS

 

El coronavirus es el motor de la historia

Muchas cosas han sido puestas en entredicho: el hecho de que un futbolista o una estrella de TV gane más que un médico o un policía o un profesor, el hecho de que no tengamos suficiente cobertura de salud dentro del sector público, el hecho de que existan personas egoístas que busquen acaparar todos los productos dejando a los demás sin qué subsistir. Incluso Macron dijo que lo que ha revelado esta pandemia es que la salud gratuita es un bien preciosos que debe estar fuera de las leyes del mercado. Hasta los neoliberales se están volviendo keynesianos porque a pesar de que querían un Estado mínimo que no intercediera con los intereses del mercado, ahora en este lamentable escenario están exigiendo rescate económico a los Estados que tanto detestaban. Incluso el premio nobel Stiglitz ha cuestionado la mano invisible que tanto defienden los neoliberales: los mercados no pueden manejarse por sí solos. Marx sostuvo que la lucha de clases daría lugar a un cambio de toda la realidad social.[19] Lo que estamos presenciando es que el miedo, el cuidado de la salud y la necesidad de mantener un permanente estado de bienestar han sido los detonantes para que esa realidad se nos acerque a un poco. Ya Zizek afirmó: “comunismo o barbarie”.[20] Con esa expresión defiende la idea que esta sería una perfecta ocasión para el surgimiento del tan esperado comunismo (aunque Han mantiene razonables dudas) y Ordine[21] ha afirmado que la idea de individualismo y el pensar que somos islas independientes ya no se sostienen más. Incluso, en el Perú la situación ha puesto en jaque a los poderosos sistemas privados de pensiones (AFP) a tal punto que hace poco el recién estrenado congreso (que se ha reinstalado luego de la disolución de Vizcarra) ha decidido que los aportantes puedan retirar su dinero para hacerle frente a la falta de empleo. Incluso se ha hablado de recortes de sueldo a altos funcionarios. Las cosas comienzan a cambiar para mejor. Ojalá que perduren.

 

La salud ha muerto

Todas las medidas que se están tomando no son para curar la enfermedad pues aún no hay una vacuna. La idea es que el virus no se propague y que, en su expansión, no cause tantas muertes como sea suficiente para hacer colapsar el sistema de salud. Sucede que no hay tantas camillas especiales para los que necesitarán respiradores artificiales. Y el número de muertes no debe ser tan alto como para debilitar aún más nuestro ánimo con la depresión que ocurre después de perder a un ser querido. Nietzsche alguna vez sentenció: “¡Dios ha muerto!”[22] porque nadie creía de verdad en Dios. El concepto de Dios ya no desempeñaba el papel de antaño. Nietzsche denunciaba que más bien hay mucha hipocresía de gente que dice creer en Dios solo para quedar bien. Con relación a la pandemia, podemos afirmar que el sistema actual de salud ha muerto y que nunca nos hemos sentido tan frágiles como ahora y, por ende, deberíamos buscar modos de reforzar ese sector para beneficio de la población. Esta opinión ha sido manifestada por Butler.[23] En realidad, ya sabíamos lo débiles que éramos frente a la naturaleza. Pero el virus ha evidenciado que no hemos sabido darle su merecido lugar a la salud. A pesar de las continuas advertencias de diversos organismos sobre el calentamiento global, la contaminación, las islas de basura, el sufrimiento animal y demás, el ser humano nunca tomó en serio su débil posición en el cosmos. Lo que debe morir es el sistema de salud actual para que surja otro más fortalecido, más humano, más valioso de tal forma que no se evite curar a alguien solo porque no está asegurado o porque no ha pagado cierta cuota. Eso debe cambiar para que surja otro absoluto de nueva y buena salubridad.

TOMADA DE PINTEREST

 

El mundo mundea, el COVID covidea

Lo que ha quedado claro es que el confinamiento ha resultado beneficioso para el mundo en términos ecológicos. Los delfines vuelven a las playas, el pescado abunda y las gaviotas cazan en su festín, hasta los cóndores se acercan a las azoteas. La naturaleza y el virus han hecho un extraño pacto en el que los perdedores han sido los humanos. Heidegger, pensador alemán del siglo XX, sostuvo que el mundo mundea y la nada nadea.[24] Esta frase se asemeja a la planteada por Parménides sobre el ser. El ser es y el no ser no es. Pura ontología y metafísica de un solo renglón. Lo que existe (el mundo) está ahí (mundea) y la nada (el vacío, el no-ser) no existe. Es curioso que la realidad sea hoy adversa al humano, tan soberbio y poderoso antaño. La naturaleza (el mundo, los animales, las plantas, el clima, el mar, los peces, las aves, las playas, el río, el lago) ha terminado mostrándose como la verdadera fuente de bienestar y el COVID-19 victorioso ha logrado arrinconar a ese frustrado animalito que no se reconocía como igual ante el mundo que amablemente le había dado su confianza para vivir en él. Hay tristeza e ironía en lo que hoy vivimos. Ellos campean en este lugar, nosotros tenemos que vivir escondidos.

 

Los límites de la pandemia significan los límites de mi mundo

¿En qué pensamos? ¿qué pensamientos pueblan nuestra mente? ¿solo malas noticias? ¿cadáveres, oscuridad y temor? Mi mundo no era distinto al que hoy vivo porque casi nunca salgo y hablo con muy poca gente. Pero entiendo que el mundo de muchos se ha quebrado: sus planes, sus viajes, sus alegrías, sus recuerdos, sus seguridades, sus seres queridos. Wittgenstein, filósofo analítico contemporáneo, sostuvo: “los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo”.[25] Con esa frase indicaba que mi lenguaje abarcaba todo aquello que era expresable con sentido y que pertenecía al mundo. Solo el mundo y sus límites, marcados por la lógica, eran los únicos susceptibles de abarcarse (hasta cierto punto) por el ser humano. Pero, en estos tiempos de pandemia, queda claro que (con cuarentena, restricciones, noticias inquietantes y demás) mi mundo ha sido reducido a un espacio que equivale al tamaño territorial de mi casa. Es a partir de ahí y hasta ahí que mi mente trabaja y hace su mundo. Así pues, hoy en día la salud mental resulta muy importante de cuidar. Las emociones negativas, los pensamientos aberrantes y las nefastas predicciones (esto es, la sobresaturación de información) deben cesar. Este conflicto encontrará tarde o temprano su desenlace: la pandemia acabará. Esperemos que, para bien de todos, no resultemos nosotros también arrasados con todo y virus.

 

A modo de cierre

Hemos intentado mostrar todos los aspectos que esta pandemia ha logrado hacernos pensar. Para concluir este trabajo recordaremos a un intelectual ejemplar. González Prada, positivista y anarquista peruano decimonónico, después de la derrota en la Guerra del Pacífico escribió: “En esta obra de reconstrucción i venganza, no contemos con los hombres del pasado: los troncos añosos i carcomidos produjeron ya sus flores de aroma deletéreo i sus frutas de sabor amargo. ¡Que vengan árboles nuevos, a dar flores nuevas i frutas nuevas! ¡Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra!”.[26] Desde esta trinchera, declaramos que anhelamos una nueva sociedad, con mejores oportunidades, con relaciones humanas reales y auténticas, con sinceridad, sin que el dinero sea la medida de todas las cosas, escuchando al otro, respetando la naturaleza, sin miedos ni incertidumbres, sin que nos esperancemos en una violenta revolución para recién cambiar. Por todo ello, sostenemos lo que sigue: “¡Los codiciosos a la tumba, los que busquen una sociedad alternativa a la obra!”.

 

Bibliografía

  1. Agambem, Giorgio, “Contagio”, en Artillería inmanente

(https://artilleriainmanente.noblogs.org/?p=1344), consultado el 6 de abril del 2020.

  1. Agambem, Giorgio, “La invención de una epidemia”, en El cohete a la luna

(https://www.elcohetealaluna.com/la-invencion-de-una-epidemia/), consultado el 6 de abril del 2020.

  1. Agambem, Giorgio, “Reflexiones sobre la peste”, en Apocaelipsis

(https://lavoragine.net/reflexiones-sobre-peste-agamben/), consultado el 6 de abril del 2020.

  1. Agustín de Hipona, Obras de san Agustín, B.A.C, Madrid, 1950.
  2. Aristóteles, Ética Nicomáquea, Ética Eudemia, Gredos, Madrid, 1998.
  3. Ayén, Xavi, “Nuccio Ordine: El coronavirus nos muestra que las personas no son islas”, en La Vanguardia

(https://www.lavanguardia.com/cultura/20200316/474180133280/conversaciones-pandemia-nuccio-ordine-coronavirus.html), consultado el 6 de abril del 2020.

  1. Berkeley, George, Tratado sobre los principios del conocimiento humano, Alianza Editorial, Madrid, 1992.
  2. Butler, Judith, “El capitalismo tiene sus límites”, en La haine (https://www.lahaine.org/mundo.php/el-capitalismo-tiene-sus-limites), consultado el 6 de abril del 2020.
  3. Descartes, René, Discurso del método, Tecnos, Madrid, 2008.
  4. Esposito, Roberto, “Biopolítica y coronavirus”, en Filosofía & co.

(https://www.filco.es/biopolitica-y-coronavirus/), consultado el 6 de abril del 2020a.

  1. Esposito, Roberto, “Democracia en tiempo de coronavirus”, en Filosofía & co. (https://www.filco.es/democracia-en-tiempo-de-coronavirus/), consultado el 6 de abril del 2020.
  2. González Prada, Manuel, Páginas libres. Horas de lucha, Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1976.
  3. Gupta, Sanjay. “El misterio de por qué el coronavirus mata a algunos jóvenes”, en CNN en español (https://cnn.it/2UO5Rfv), consultado el 6 de abril del 2020.
  4. Han, Byung-Chul, “La emergencia viral y el mundo de mañana”, en El País (https://bit.ly/34gSjwa), consultado el 6 de abril del 2020.
  5. Hegel, Guillermo Federico, Filosofía del derecho, Claridad, Buenos Aires, 1968.
  6. Heidegger, Martin, ¿Qué es metafísica?, Séneca, México, 2003.
  7. Heidegger, Martin, Conferencias y artículos, Ediciones del Serbal, Barcelona, 1994.
  8. Kant, Immanuel, Crítica a la Razón Pura, Taurus, Madrid, 2005.
  9. La República, “Joseph Stiglitz: La crisis del Covid-19 demuestra que los mercados no pueden manejarse por sí solos”, en La República, (https://bit.ly/2yzrHdT), consultado el 6 de abril del 2020.
  10. Locke, John, Ensayo sobre el entendimiento humano, FCE, México, 2005.
  11. Marx, Karl, Manifiesto del Partido Comunista, Centro de Estudios Socialistas, México, 2011.
  12. Morin, Edgar. “Lo que el coronavirus nos está diciendo”, en Servindi (https://bit.ly/2wiStGJ), consultado el 6 de abril del 2020.
  13. Nancy, Jean-Luc, “Excepción viral”, en Ficción de la razón (https://ficciondelarazon.org/2020/02/28/jean-luc-nancy-excepcion-viral/), consultado el 6 de abril del 2020.
  14. Nietzsche, Friedrich, La ciencia jovial, Monte Avila, Caracas, 1990.
  15. Platón, Diálogos I, Apología de Sócrates, Gredos, Madrid, 1985.
  16. Platón, Diálogos II, Cratilo, Gredos, Madrid, 1987.
  17. Polo, Miguel, “Un virus vuelto viral”, en Apuntes de ética ciudadana (https://bit.ly/34ql2il), consultado el 6 de abril del 2020.
  18. Wittgenstein, Ludwig, Tractatus logico-philosophicus. Investigaciones filosóficas. Sobre la certeza, Gredos, Madrid, 2009.
  19. ŽiŽek, Slavoj, “El coronavirus es un golpe al capitalismo a lo Kill Bill…”, en Revista G7 (https://revistag7.com/coronavirus-un-golpe-a-lo-kill-bill-al-sistema-capitalista/), consultado el 6 de abril del 2020.

 

Notas

[1] Platón, Diálogos II, Cratilo, ed. cit., p. 368.
[2] Esposito, Roberto, “Biopolítica y coronavirus”, en Filosofía & co.
(https://www.filco.es/biopolitica-y-coronavirus/), consultado el 6 de abril del 2020a.
[3] En la Apología se puede leer lo siguiente: “(…) pero este hombre cree saber algo y no lo sabe, en cambio yo, así como, en efecto, no sé, tampoco creo saber. (…)” Platón, Diálogos I, Apología de Sócrates, ed. cit., p. 155.
[4] Gupta, Sanjay. “El misterio de por qué el coronavirus mata a algunos jóvenes”, en CNN en español (https://cnn.it/2UO5Rfv), consultado el 6 de abril del 2020.
[5] En la Ética Nicomáquea se puede leer lo que sigue: “Quizá sea mejor examinar la noción del bien universal y preguntarnos qué quiere decir este concepto, aunque esta investigación nos resulte difícil por ser amigos nuestros los que han introducido las ideas. Parece, sin embargo, que es mejor y que debemos sacrificar incluso lo que nos es propio, cuando se trata de salvar la verdad, especialmente siendo filósofos; pues, siendo ambas cosas queridas, es justo preferir la verdad” Aristóteles, Aristóteles, Ética Nicomáquea, Ética Eudemia, ed. cit., p. 137-138.
[6] Esposito, Roberto, “Democracia en tiempo de coronavirus”, en Filosofía & co. (https://www.filco.es/democracia-en-tiempo-de-coronavirus/), consultado el 6 de abril del 2020.
[7] Agustín escribió en su Sermón 43: “(…) Todos los hombres quieren entender; nadie hay que no lo quiera, más no todos quieren creer. Se me dice: ‘Entienda yo y creeré’. Yo le respondo: ‘Cree y entenderás’.” Agustín de Hipona, Obras de san Agustín, ed. cit., p. 737.
[8] Agambem, Giorgio, “La invención de una epidemia”, en El cohete a la luna
(https://www.elcohetealaluna.com/la-invencion-de-una-epidemia/), consultado el 6 de abril del 2020.
[9] Nancy, Jean-Luc, “Excepción viral”, en Ficción de la razón (https://ficciondelarazon.org/2020/02/28/jean-luc-nancy-excepcion-viral/), consultado el 6 de abril del 2020.
[10] Agambem, Giorgio, “Contagio”, en Artillería inmanente
(https://artilleriainmanente.noblogs.org/?p=1344), consultado el 6 de abril del 2020b.
Agambem, Giorgio, “Reflexiones sobre la peste”, en Apocaelipsis
(https://lavoragine.net/reflexiones-sobre-peste-agamben/), consultado el 6 de abril del 2020c.
[11] Morin, Edgar. “Lo que el coronavirus nos está diciendo”, en Servindi (https://bit.ly/2wiStGJ), consultado el 6 de abril del 2020.
[12] Descartes en el Discurso del método escribió: “(…) Pero, inmediatamente después, advertí que mientras quería pensar de ese modo que todo es falso, era absolutamente necesario que yo, que lo pensaba, fuera alguna cosa. Y observando que esta verdad: pienso, luego soy era tan firme y tan segura que todas las más extravagantes suposiciones de los escépticos no eran capaces de socavarla, juzgué que podía admitirla como el primer principio de la filosofía que buscaba.” Descartes, René, Discurso del método, ed. cit., pp. 46-47.
[13] Locke escribió en su Ensayo sobre el entendimiento humano: “(…) Igual incapacidad encontrará en sí mismo todo aquel que se ponga a modelar en su entendimiento cualquier idea simple que no haya recibido por sus sentidos, procedente de objetos externos, o por la reflexión que haga sobre las operaciones de su propia mente acerca de ellas. (…)” Locke, John, Ensayo sobre el entendimiento humano, ed. cit., p. 98.
[14] Berkeley sostuvo en su Tratado sobre los principios del conocimiento humano: “Que ni nuestros pensamientos, ni las pasiones, ni las ideas formadas por la imaginación existen sin la mente, es algo que todo el mundo admitirá. (…). Su esse es su percipi; y no es posible que posean existencia alguna fuera de las mentes o cosas pensantes que las perciben”. Berkeley, George, Tratado sobre los principios del conocimiento humano, ed. cit., p. 55-56.
[15] Kant en la Crítica de la Razón Pura escribió: “(…) Como fenómenos, no pueden existir en sí mismos, sino sólo en nosotros. Permanece para nosotros absolutamente desconocido qué sean los objetos en sí, independientemente de toda esa receptividad de nuestra sensibilidad. (…)” Kant, Immanuel, Crítica a la Razón Pura, ed. cit., p. 55.
[16] Polo, Miguel, “Un virus vuelto viral”, en Apuntes de ética ciudadana (https://bit.ly/34ql2il), consultado el 6 de abril del 2020.
[17] Hegel, Guillermo Federico, Filosofía del derecho, ed. cit., p. 34.
[18] Han, Byung-Chul, “La emergencia viral y el mundo de mañana”, en El País (https://bit.ly/34gSjwa), consultado el 6 de abril del 2020.
[19] En el Manifiesto del Partido Comunista Marx escribió: “La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases” Marx, Karl, Manifiesto del Partido Comunista, ed. cit., p. 30.
[20] ŽiŽek, Slavoj, “El coronavirus es un golpe al capitalismo a lo Kill Bill…”, en Revista G7 (https://revistag7.com/coronavirus-un-golpe-a-lo-kill-bill-al-sistema-capitalista/), consultado el 6 de abril del 2020.
[21] Ayén, Xavi, “Nuccio Ordine: El coronavirus nos muestra que las personas no son islas”, en La Vanguardia
(https://www.lavanguardia.com/cultura/20200316/474180133280/conversaciones-pandemia-nuccio-ordine-coronavirus.html), consultado el 6 de abril del 2020.
[22] Nietzsche, Friedrich, La ciencia jovial, ed. cit., p. 115.
[23] Butler, Judith, “El capitalismo tiene sus límites”, en La haine (https://www.lahaine.org/mundo.php/el-capitalismo-tiene-sus-limites), consultado el 6 de abril del 2020.
[24] Esta frase puede verse en dos obras diferentes. Heidegger en Conferencias y artículos afirma: “(…) Sólo cuando -probablemente de un modo repentino- el mundo, como mundo, haga mundo [mundee], resplandecerá el anillo del que la vuelta de tierra y cielo, divinos y mortales se desanillará entrando en la docilidad de su simplicidad”. Heidegger, Martin, Conferencias y artículos, ed. cit., y en ¿Qué es metafísica? afirma: “(…) La nada misma anonada. (…)”. Heidegger, Martin, ¿Qué es metafísica?, ed. cit., p. 40.
[25] Wittgenstein, Ludwig, Tractatus logico-philosophicus. Investigaciones filosóficas. Sobre la certeza, ed. cit., p. 105.
[26] González Prada, Manuel, Páginas libres. Horas de lucha, ed. cit., p. 46.