Revista de filosofía

COVID-19: inmunologías por venir

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Tendría que estar claro que la construcción de inmunidad es un  acontecimiento demasiado amplio, demasiado contradictorio como para ser descrito sólo con categorías médico-bioquímicas.

Peter Sloterdijk

                                                                                                                      

Resumen  

El siguiente escrito parte de un análisis sobre las inmunologías desde el sentido sistémico aportado por Sloterdijk en tanto espacios autógenos del resguardo y protección de la vida, ello en su relación con la pandemia del Covid-19 que ha puesto en evidencia una crisis de dichos sistemas de inmunidad en un mundo global. Para ello, se parte en un primer momento de un análisis de algunas de las posibles causas del Covid-19 debido al deterioro de los espacios causado por el capitalismo global, en un segundo momento se examinan los diversos sistemas que ha afectado la pandemia: salud, economía, seguridad. Por último, se piensan algunas formas que puedan resarcir los espacios de inmunidad fragmentados por medio del concepto de ecología que busca ir más allá de la crisis global.

Palabras clave: COVID-19, inmunologías, globalización, crisis, ecología, Sloterdijk.

 

Abstact

The following paper starts from an analysis of immunologies from a systemic sense provided by Sloterdijk as autogenous spaces for the safeguarding and protection of life, this in relation to the Covid-19 that has revealed a crisis of immunity systems in a global. To do this, we first start with an analysis of some of the possible causes of Covid-19 due to the deterioration of the spaces caused by global capitalism, in a second part examine the various systems that the pandemic has affected: health , economy, security. Finally, some ways are devised that can compensate the fragmented immunity spaces through the concept of ecology that seeks to go beyond the global crisis.

Keywords: COVID-19, inmunology, globalization, crisis, ecology, Sloterdijk.

 

La sociedad de paredes permeables

La globalización es un modelo sistémico interconectado y dominado por el continuo tráfico de mercancías y personas que circulan “libremente” a lo largo del planeta, un lugar donde los espacios se han convertido en lugares de tránsito y de eyección en el que nada está en su sitio. La movilidad de los aeropuertos, los puertos marítimos y comerciales, los centros turísticos, etc., mueven – o movían hasta antes de la pandemia del Covid-19-, a miles de personas en buscan nuevas experiencias, pero también a masas de desplazados inscritos en el desarraigo y el no-paso, expulsados de sus lugares de origen hacia la búsqueda de mejores oportunidades de vida y de trabajo.

El planeta tierra se convirtió en un lugar en que los espacios de protección autógena quedaron expuestos hacia los avances del afuera, donde lo otro, lo extraño, lo extranjero, etc., mostraron que por más políticas proteccionistas aplicadas por los Estados nación, ya no existía nada que impidieran su paso. La convivencia entre lo local con lo global produjo una crisis de los espacios de inmunidad clásicos[1] construyendo una “sociedad de paredes finas y permeables”[2] que engendró un modelo sistémico de proximidad en que los riesgos son compartidos de manera global. Asuntos como el crimen, las enfermedades, la pobreza, la carencia de recursos, el deterioro del ambiente, etc., son ahora temas de incumbencia no sólo para ciertos sectores de la población mundial sino para todo aquel que se encuentra en el planeta.

En este lugar los símbolos y los vínculos de protección del pasado están en cierta forma fracasados, pues sus límites fueron devorados por la vorágine del capitalismo global presentando una crisis a escala planetaria. En esta crisis la economía global no se ha detenido para repensar sus axiomas y en su afán de riquezas sigue explorando formas de negocio alrededor del mundo sin importar la lejanía o las distancias. El capital financiero en demanda de lugares para la inversión se ha movido sin titubeos hacia la conquista de territorios de los que pudiera obtener cuantiosas riquezas, y sin importar el deterioro de los ecosistemas se ha apropiado de mantos acuíferos, ha devastado suelos, contaminado mares, haciendo fracking, etc. Desterritorialización del planeta para la extracción de materias primas que sirvieran para la producción de capital en una economía de competencia global.

Así, por ejemplo, en el 2019 el presidente de los Estados Unidos Donald Trump se retiró del Acuerdo de París negándose a bajar la emisión de gases de efecto invernadero porque eso afectaría la economía de su país. Y bien, el panorama general de dicho acuerdo tampoco es nada alentador, ya que sólo el 20% de los que lo firmaron lo cumplen[3] y entre el 80% que no lo cumple se encuentra China, uno de los países con más emisiones de dióxido de carbono arrojados al planeta. Esos son sólo algunos puntos de la encrucijada en la que el capitalismo global ha puesto la vida del planeta, una coyuntura de crisis climática donde se contextualiza un caldo de cultivo óptimo para la pandemia del Covid-19.

Ello pone en evidencia el deterioro morfológico de los sistemas inmunológicos en la era global, donde se ha presentado un enemigo invisible e inasible como un virus que ha puesto en jaque a toda la humanidad, y que tomó prestado en un primer momento el rostro de los habitantes de Wuhan. El cual fue un pretexto para que el enemigo pudiera ser identificado y hacer con ello también la aparición de un brote de racismo e intolerancia.

En los primeros intentos de protegerse del Covid-19 se cerraron las fronteras con China volviendo de nuevo a antiguos sistemas de protección de antaño: el territorio de lo propio. Y como primates asustados que volvían a sus cuevas, temerosos de un animal feroz, así el animal hipermoderno se retrajo hacia su primitiva esfera de inmunidad, primero fueron los habitantes de Wuhan en resguardarse en sus casas para detener y controlar el avance del enemigo. Después cada uno de los diversos países del planeta han replicado la acción de encerrarse y de restringir el contacto con el afuera a través de un distanciamiento social que ha puesto en suspenso la simbiosis embrionaria de la comunitas.

La esfera global ha implosionado y en esta huida hacia el espacio interior de hogar, si bien ha servido para poner un cerco sanitario al contacto físico con el afuera, ha mostrado que el ser humano se encuentra atravesado por vectores de infección de otros talantes. Las paredes solidas de los hogares se han vuelto permeables gracias a los sistemas de conexión del espacio virtual lo cual ha originado que de alguna forma el afuera cohabite en el adentro. En este espacio de contigüidad no sólo se han generado focos de infección de una pandemia global de miedo y terror causada por los medios de comunicación, sino también en esta búsqueda mórbida de información sobre el Covid-19 diversos agentes maliciosos han aprovechado para contagiar el espacio virtual con fake news, virus cibernéticos, malware, ransomware, etc.

Intemperie del afuera que ha puesto en jaque los sistemas de inmunidad físicos y simbólicos de los seres humanos, un estallamiento de las burbujas morfológicas de protección que arrojan al ser humano a una “vida sin cascarones”.[4] Desprotección ante cómo habitar el mundo, pues sin espacios de inmunidad esta crisis sanitaria arroja al ser humano a una relación muy estrecha con el “ser-para-la-muerte”.[5]

El Covid-19 mostró la fragilidad y la falta de construcción de espacios de inmunidad para los tiempos hipermodernos, tal acontecimiento tomó de forma imprevista a los países del mundo. Pues, mientras China y Estados Unidos debatían en Pekín en enero del 2020 los acuerdos políticos de una tregua sobre su crisis arancelaria,[6] muy cerca de allí, en el mercado de Wuhan, se propagaba de manera silenciosa la mutación rizomática del Covid-19, que pondría en estado de excepción al planeta entero.

La propagación del virus ha sido rápida y letal, evidenciando la falta de suministros médicos para los tratamientos paliativos de los enfermos, lo cual a su vez ha traído como consecuencia la deplorable imagen de una guerra de baja intensidad por el acaparamiento de medicinas, respiradores, cubrebocas, etc. Y en la cual los países ricos están resultando los ganadores de todo ese equipo médico, y con ello dejan en gran desventaja a los países más pobre en esta lucha contra el Covid-19. Pues, al final todo esto muestra la desigualdad entre ricos y pobres (no sólo entre países, sino en la población en general) que arroja a estos últimos hacia un territorio de la exclusión y de una vida desnuda expuesta a la muerte.

 

Burbujas epidémicas

La pandemia del Covid-19 ha hecho evidentes las contradicciones del sistema económico de esta sociedad global al ser ésta una burbuja que a pesar de los altibajos de los mercados se mantenía en una meta-estabilidad aparente. Las problemáticas enfrentadas por la economía no habían sido tan importantes como esta crisis de hoy en día en la que “Madame la Terre[7] hizo su intromisión a la vida pública por medio de este nuevo coronavirus. Madame la Terre se hizo recordar lacerando y reventando la naturaleza artificial de la burbuja que había construido el capitalismo global y en una epidemia de miedo los mercados se contrajeron.

Este embate de la naturaleza ha provocado una triple crisis que ha infectado de manera evidente rubros importantes de esta sociedad de paredes permeables:

  1. Salud
  2. Economía
  3. Seguridad

 

Es evidente que el Covid-19 ha afectado y llevado a una crisis al sistema de salud de todo el mundo, pues como es de saber, el presupuesto financiero destinado a este rubro en la mayoría de los países no ha sido una prioridad. Esto ya sea, por hacer recortes por un plan de austeridad como el caso de México, o porque se considera un gasto obsoleto que podría tener otros usos, por ejemplo, en el sector militar, como en Estados Unidos al tratar de hacer recortes al Healt Care System.[8]

Cualquiera sea el caso lo cierto es que el sistema de salud global se encuentra en un estado de precariedad, y con ello queda derribado el primer elemento de inmunidad que debería ser prioritario ante la actual pandemia.

La burbuja epidémica no sólo ha afectado a la salud global, pues en su estallido ha infectado los mercados globales que son sensibles ante cualquier incertidumbre y cambio. La decisión política de los gobiernos de mandar a confinar a los ciudadanos a sus espacios autógenos de inmunidad (hogares), tuvo como consecuencia que la maquinaria capitalista se detuviera, y con ello afectará de manera directa a la economía. Ante tal panorama de incertidumbre la situación de los trabajadores se ha vuelto compleja, dado que muchas empresas han tomado la resolución de hacer un despido masivo que según cifras estimadas llegará a “los 25 millones de personas sin empleo”.[9]

El horizonte a corto plazo parece para muchos poco prometedor, pues se manifiesta en una incertidumbre que ha empezado a traer diversos cambios en el ámbito laboral, por ejemplo, al implementar los sistemas remotos como una opción para el teletrabajo, lo cual deja en el desamparo -sobre todo a los países del tercer mundo- a muchos que no poseen las habilidades o la infraestructura necesaria para lidiar con la brecha digital. Lo anterior trae como consecuencia no sólo una depresión económica global, sino también crea una depresión al nivel personal que fragmenta otro sistema inmune que tiene que ver con el sustento básico para mantener la vida.

Esas dos rupturas de los sistemas inmunes básicos (salud y economía) colocan a las personas frente al desamparo y el no-paso que ya ha llegado activar brotes de las partes más primitivas del cerebro: estrés y violencia. Síntomas de supervivencia manifestados en compras de pánico, saqueos, robos, xenofobia, intolerancia, etc., que arrojan al ser humano en un estado de precariedad, o como diría Hobbes, de vuelta al estado de naturaleza de un todos contra todos.[10] Esa disyuntiva coloca a muchos seres humanos ante la perdida de la seguridad y resguardo social promesa del Estado.

Así, en general los sistemas de inmunidad han quedado rotos por el Covid-19 que ha mostrado la fragilidad burbujeante de un sistema interconectado que no ha trabajado lo suficiente con los peligros subyacentes a una sociedad global. El Covid-19 ha hecho evidente el estado de latencia de un crisis que ya se veía venir y que sitúa a la hipermodernidad en un momento clave para repensar los objetivos globales del planeta:¿hacia dónde vamos?

 

Más allá de la crisis: inmunologías

Una crisis bien entendida es también una oportunidad y la crisis global que se presenta con el Covid-19 abre a una tirada de dados que bien puede dejar a los seres humanos inmersos en la misma situación, o bien, desplegar un nuevo umbral de posibilidades para el porvenir. Ante esto último la pregunta que acontece implica cómo reconstituir sistemas de inmunidad físicos y simbólicos para rehabitar los espacios autógenos promotores de la vida, los cuales han sido deteriorados no por el paso del Covid-19 sino por un sistema económico que ha entrado en pugna y contradicción con la ecología.

Es necesario que se sustituya la falaz idea de la adaptación por la adaptación ante cualquier circunstancia que se presente, pues lo importante a la solución global es el trabajo en conjunto de la humanidad con “el concepto de autocorrección”.[11] Así, autocorrección significa la transformación epistémica de las ideas que circulan en el socius, y donde los propósitos económicos y políticos deben estar unidos también a los propósitos de conservación de la vida en el planeta. Ello incluye una visión sistémica donde la vida se piensa en circuitos interconectados que no pueden ser vistos de manera aislada sino en una continua codependencia y coevolución.

Evitar el desastre global que sólo ha hecho evidente el Covid-19 conllevará tomar las medidas necesarias para restituir esos circuitos atrofiados que han terminado por mostrar la interdependencia del mundo. Y donde la solución a la crisis sanitaria, económica y social se encuentra en la toma de conciencia precisamente de que nos enfrentamos a un problema que tiene una base sistémica, es decir, que “estamos aprendiendo a través de la amarga experiencia que el organismo que destruye su ambiente se destruye también así mismo”.[12]

El Covid-19 ha mostrado la falla epistémica de las ideas que se promueven en el sistema social deteriorando los espacios inmunes de la humanidad, pero también poniendo en desequilibrio a todo el planeta. El confinamiento de las personas y la pausa que se han hecho en la mayoría de las empresas ha evidenciado como los ecosistemas vuelve a retomar el equilibrio que había sido perturbado: los animales salen sin recelo, los ríos recuperan su limpieza, las atmósferas en las ciudades son más limpias, etc. Así pues, si la red de la globalización intenta restaurarse y salir de este atolladero es necesario que implique no sólo la comunicación mediática de los sistemas electrónicos, sino que amplíe sus vínculos a una composición mucho más grande donde todas las partes del sistemas tanto artificiales, naturales, físicas y simbólicas sean tomadas en cuenta.

Para crear un contexto de tal naturaleza en el que la vida pueda desarrollarse en espacios autógenos se necesita a su vez, de otra ciencia que cree un medio ambiente (umwelt) preciso para ello. Dicha ciencia es la ecología, donde por esta última habrá de entenderse “el estudio de la interacción y la supervivencia de las ideas y programas en circuitos”,[13] es decir, la intercambio de información y de energía en todo el sistema que logre mantener en un meta-equilibrio frente al desgaste entrópico que ha acelerado el capitalismo global.

Si bien es cierto que la inmunología protege al ser humano de los embates del afuera produciendo una homeostasis, esta protección se sobrecarga en ambientes hostiles creando circunstancias adversas a la vida. De ahí, que el trabajo con la ecología sea de suma importancia para salir de la crisis a la que nos ha enfrentado el Covid-19, pues habrá que entender el concepto de ecología más allá de la mera cuestión del cuidado del entorno de una manera ingenua y simplista.

La ecología abarca la producción de un contexto apto para la vida donde para ello se necesita de la creación de espacios de inmunidad que impliquen los estatutos políticos, sociales y naturales. Es decir, la creación de una infraestructura que tome en cuenta a todas las partes que envuelven al sistema y no sólo aquellas que sólo importan a un determinado sector, por ejemplo, a lo económico. La solución a la pandemia del Covid-19, pero también a la desigualdad social que ha hecho evidente el virus, debe implicar un compromiso de todos los seres humanos, ello en vista de un sistema ecológico basado en un verdadero compromiso social, pues al final todos estamos en el mismo barco y bien, o nos salvamos todos o nos hundimos en conjunto.

 

Bibliografía

  1. Bateson, Gregory, Pasos hacia una ecología de la mente, Lohlé-Lumen, Buenos Aires, 1998.
  2. ______________, Unidad Sagrada, pasos ulteriores hacia una ecología de la mente, Gedisa, Barcelona, 2006.
  3. Calasso, Roberto, La Ruina de Kasch, Anagrama, Barcelona, 2000.
  4. Heidegger, Martin, El ser y el tiempo, Fondo de Cultura Económica, México, 2002.
  5. Hobbes, Thomas, El Leviatán, Fondo de Cultura Económica, México, 2003.
  6. Mazzucato Mariana, “Coronavirus and capitalism: How will the virus change the way the world works?” World Economic Forum,

https://www.weforum.org/agenda/2020/04/coronavirus-covid19-business-economics-society-economics-change consultado el 17 de abril de 2020.

  1. Moreno Guadalupe, ¿Cuántos empleos se perderán por el COVID-19?, Statista,

https://es.statista.com/grafico/21245/desempleados-por-la-crisis-del-covid-19/ consultado el 17 de abril de 2020.

  1. Navarro, Beatriz, “EE.UU y China acuerdan una tregua para rebajar la tensión comercial”, La Vanguardia,

https://www.lavanguardia.com/economia/20200115/472915764281/china-estados-unidos-acuerdo-comercial-aranceles.html consultado el 17 de abril de 2020.

  1. Planelles Manuel, “Solo el 20% de los países está en la senda para cumplir con el Acuerdo de París”, El País,

https://elpais.com/sociedad/2019/11/05/actualidad/1572948813_120202.html consultado el 17 de abril de 2020.

  1. Sloterdijk, Peter, El mundo interior del capital, para una teoría filosófica de la globalización, Editorial Siruela, España, 2010.
  2. ______________, Esferas 1, Burbujas, Editorial, Siruela, España, 2011.
  3. ______________, Esferas 3, Espumas, Editorial, Siruela, España, 2011.

 

Notas

[1] Por espacios de inmunidad habrá que entender todos aquellos sistemas de referencia que permiten el desarrollo y la protección de la vida a través de resguardos físicos o simbólicos en el sentido en que Sloterdijk lo ha trabajado Cfr. Sloterdijk, Esferas 3, p. 343.
[2] Peter Sloterdijk, El mundo interior del capital, ed. cit., p. 184.
[3] Cfr. Manuel Planelles, Sólo el 20% de los países está en la senda para cumplir con el Acuerdo de París, ed., cit.
[4] Peter Sloterdijk, Esferas 2, ed. cit., p. 33.
[5] Martín Heidegger, Ser y tiempo, ed. cit., p. 272.
[6] Beatriz Navarro, EE.UU y China acuerdan una tregua para rebajar la tensión comercial, ed. cit.
[7] Roberto Calasso, La ruina de Kasch, ed. cit., p. 223.
[8] Cfr. Mariana Mazzucato, Coronavirus and capitalism: How will the virus change the way the world works?, ed. cit.
[9] Cfr. Guadalupe Moreno, ¿Cuántos empleos se perderán por el COVID-19?, ed. cit.
[10] Cfr. Thomas Hobbes, El Leviatán, ed. cit., p. 106.
[11] Gregory Bateson, Una unidad sagrada, ed. cit., p. 97.
[12] Gregory Bateson, Pasos hacia una ecología de la mente, p. 516.
[13] Ibid., p. 516.