Revista de filosofía

COVID-Hill

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COVID-Hill

TOMADA DE ARTSTATION

                                                                                                               

Resumen

No se hablará del COVID-19 sino de la potencialidad de lo que se halla dentro de las cuatro paredes en las que se pasará la cuarentena. Desde un enfoque psicoanalítico donde su presencia se hace notar no tanto por la presencia de los conceptos sino por el subtexto con el que está compuesto, un punto de fuga cuya metáfora casa con una de las entregas de la famosa serie de videojuegos Silent Hill. Presento lo siniestro no como aquel lugar conocido enrarecido sino como aquello heredado que, deliberadamente, se evadió a favor de lo mismo. El universo de Silent Hill se presenta aquí como partícula atmosférica que suspende aquel afuera del que no se paran de recibir novedades, noticias, y paquetes de encargo.

Palabras clave: psicoanálisis, erotismo, Silent Hill, COVID-19, estética, siniestro.

 

Abstract

The COVID-19 will not be discussed, but rather the potential of what lies within the four walls where the quarantine will be carried out. From a psychoanalytic approach where its presence is noted not so much by the presence of the concepts but by the subtext with which it is composed, a vanishing point whose metaphor marries one of the installments of the famous video game series Silent Hill. I present the sinister not as that rarefied known place but as that inherited that, deliberately, escaped in favor of the same. The Silent Hill universe is presented here as an atmospheric particle that suspends the outside from which you do not stop receiving news, news, and custom packages.

Keywords: psychoanalysis, eroticism, Silent Hill, COVID-19, aesthetics, sinister.

 

No asalten las dudas para destrozar metáforas, agujerear fantasmas.[1] No hacen más que enfangarse aún más en el lodo pensando que una burbuja paranoide es el afuera. La necesidad de buscar un culpable no hace más que cegar la cuestión cuyo fondo es, precisamente, de carácter estructural.[2]

 

No, este texto no es sobre el COVID-19, sino de la atrofia resultante de los vectores que sostienen este simulacro agrietado tras el incidente originado en Wuhan. Aquí no se hablará de los discursos que deambulan por ahí, como, por ejemplo: “no es una cuestión solamente médica o científica, es, a la par, sociológica”, “la derecha o la oposición ha quedado retratada con su oportunismo barato”, “en las peores situaciones se puede ver como la miseria y la grandeza del ser humano luchan crudamente por subsistir”, “necesitábamos algo así. A falta de un ataque alienígena tenemos un pandemia”, “es el fin del capitalismo y el nacimiento de un nuevo comunismo”, “esto no afectará al capitalismo, aunque el viento sea favorable para los aceleracionistas”, “la soberanía digital ha aprovechado esta crisis para propagar sus tentáculos y convertir esto, aún más, en un panóptico digital”,[3] “no estábamos preparados”, “juegos entre bambalinas con las cifras reales de casos y fallecimientos”,[4] “manipulación mediática y el auge de los bulos informativos o fake news”, “la industria cárnica es el contribuyente principal de esta crisis pandémica”, etcétera…

 

Aún con todo, el versar de este escrito no está claro, pero sí sé que postergué la escritura de otro artículo y mi tesis doctoral para dedicarle un espacio a esta otra cosa que me invade, que no tiene que ver ni con “El saber y su divulgación”, texto en el que hablaba sobre la literatura gris y las cloacas de la institución universitaria, ni tampoco con una lectura de los textos de Tiqqun, el Comité Invisible y el Partido Imaginario acompañado de un ruido de pop íntimo y sanciones psicoanalíticas de la mano de Freud y Lacan.

 

Disparada la hipocondría de ciertos procesos paranoides y neuroticismos que le sacan el aburrimiento al das Man, tenemos dolores de espalda, mal humor y los horarios de vigilia y sueño trastocados. ¿Algo ha cambiado?[5] ¿No ha habido otras veces en las que nos ha dolido la espalda o que nos hemos cabreado o que hemos trasnochado? ¿Por qué ahora está en el punto de mira? El espacio de cuestionamiento se ha reducido a las habitaciones que tiene el apartamento.[6] Tan pequeño o tan grande como uno se lo haya podido permitir.[7] La puerta, esa que tiene que permanecer cerrada ante la amenazada propiedad privada,[8] cobra toda la fuerza de la casa. Se ha transformado en una frontera, en un armatoste simbólico que alberga todo tipo de profusión imaginaria.[9] Hablan los virus, la multa por saltarse el confinamiento, la saturación de hospitales, la necesidad de un “cambio”, el colapso económico que sigue la estela del 2008 con las subprime (aunque siempre puede ser peor que las anteriores) y el retorno de la postergación de la posible independencia de los millennials. ¿Qué es esa puerta?[10]

 

No sé si acuerdan, pero considero que la película del cineasta Steven Soderbergh de 2011, Contagion, se queda corta. De algún modo presenta como un contagio puede desarrollarse y cómo, cual dominó, los sectores de la sociedad van derrumbándose poco a poco hasta que, reservándose para el final lo último de la caja de Pandora, alegra la película con una cura que salva a la humanidad tras el acto heroico de una de las investigadoras que desarrollaba la cura.

 

Creo que es más relevante, ahora, antes que poner el foco en lo que pasa afuera de casa, qué es lo que pasa adentro, o al otro lado de la puerta. Por ello, en vez de seguir la estela del batiburrillo de La Sopa de Wuhan[11] o el famoso pronóstico[12] de Pandemic! de Slavoj Žižek que hablan hacia afuera (¿qué pasa más allá de la puerta?) dando alas a la imaginación con certezas hilvanadas en el imperio de la posverdad y con las manos llenas de desinfectante, cabe preguntarse, ante ello, ¿qué pasa en casa? ¿qué se viene escribiendo?

 

TOMADA DE DIARIO AS

 

La divorce season se adelantó con el virus[13] y todo alumno, en su mayoría, está aprobado.[14] ¿Qué hace esto en casa? Indisposición marital y prosecución de un angustiante aburrimiento canalizado hacia el nuevo Animal Crossing[15] o cualquier otra virtualidad temática como la recuperación de las memorias de soltería.[16] ¿Qué pasa en casa?

 

Antes que seguirnos preguntando qué pasa en casa, veamos si, en definitiva, hay algo que podamos llamar casa.

 

Sistemáticamente se ha reducido el concepto de casa al lugar donde se defeca, duerme y come. En ese sitio de reposo anal, escópico y oral hallamos ciertas certidumbres que nos competen a lo que se entiende por casa. Casa, sin mucha diferencia con las condiciones del líquido amniótico de la placenta por donde hemos pasado al menos una vez en nuestra vida, la tenemos como aquel lugar en el que se emulan dichos procesos de execración primigenia.[17] Se expulsa pues lo sagrado de nosotros.[18] ¿Qué es? Lo comido, que suele ser bendecido tras ciertas plegarias de agradecimiento[19] o gestos rituales antes de la ingesta; lo inconsciente, pulsiones con una baja latencia de interrupciones yoicas donde el superyó y el ello recurre a lo que sea para manifestar “lo reprimido”.[20] ¿Y qué hay de la comida? Eso no se expulsa. Al contrario, lo que se expulsa es precisamente la tensión establecida con el objeto comestible, se hace desaparecer, temporalmente a ojos del yo, al objeto a. Objeto productor de sacrilegios y milagros en nombre del agalma.[21]

 

Execración. El libre deambular carcelario de lo sagrado entre la cotidianeidad del confinamiento.[22]

 

Recordando tiempos pasados me viene a la mente un videojuego que precisamente habla de habitaciones, precisamente las del apartamento del protagonista. En Silent Hill 4: The room, videojuego del 2004 dirigido por Suguru Murakoshi y distribuido por Konami®, controlamos a Henry Townshend que tras estar encerrado cinco días en su apartamento de la ciudad de South Ashfield, sufriendo el acoso de un espíritu, una pesadilla recurrente, y con una ristra de candados bloqueando la puerta, tenemos el control del mismo. Lo curioso es que cuando nos tocan segmentos en los que solo podemos movernos por su domicilio nos convertimos en un voyeur que mira por la ventana, rendijas en la pared, la mirilla de la puerta, etc… Siempre con el peligro de que un fantasma o algo raro pueda acuciar nuestra pantalla. Incluso cuando Henry mira a su vecina por un agujero en la pared. La escena pasa a ser algo “chungo”. ¿Por qué es curioso? Porque ver hacia afuera, al igual que con el confinamiento, no está censurado o desprovisto de claridad. Podemos ejercer el placer del voyeur con total libertad, e incluso, cada vez que miramos por la ventana vemos como aquello que vemos muta.[23]

 

Pero, aquí viene la parte que deja de ser curiosa. A través de un agujero en la pared del baño, Henry consigue trasportarse a diferentes lugares. Esos lugares, comunes pero inhóspitos, raros y cargados de enemigos. Ello, como metáfora, no deja mucho margen a pensar que lo que se halla al otro lado del agujero no sea algo excretado: Baño-agujero-túnel-otro mundo.[24] ¿Qué nos dice el juego? Bueno, a ver, ¿qué me dice el juego?

 

En esta composición de aventura y acción mezclado con la típica atmósfera de Silent Hill de Konami® cargadita de un buen suplemento conceptual proveniente del psicoanálisis freudiano, se pueden realizar muchas líneas de interpretación cuando se lo yuxtapone con la situación actual.[25] Pero aquí tiraremos por la que viene insistiendo: lo excretado, o la expulsión de lo sagrado.

 

Afuera del apartamento de Henry la vida sigue su curso. Dentro parece que todo empieza a volverse decrépito, oxidado y una soledad cada vez más amenazada por fantasmas o engendros espirituales malignos. Personajes curiosos atraviesan la historia. Pero volvamos a lo excretado. ¿Qué es aquello sagrado que se expulsa estando en esa cuarentena que le vino de improviso y sobre la cual no tiene ni la más menor idea? En los mundos que exploramos junto al personaje, como ya mencioné, encontramos lugares comunes tintados con dicha atmósfera. ¿Acaso el discurso del “ya no será lo mismo” irrumpe ahora? No. Aún no está siendo ese, preciso, momento, en el que ya no está siendo lo mismo. De hecho, hay eventos que hacen que “ya no sea lo mismo” sin tener que ver con, precisamente, este virus.[26] En este caso lo que propongo es contemplar dichos espacios como lo haría un fenomenólogo, ir a las Dinge selbst. ¿Qué le sucede a Henry allí? ¿Cuáles son las condiciones de posibilidad, las ideas, para que, imaginariamente, se den esos espacios divinos excretados, ese fictum, de la enrarecida situación del apartamento?

 

Esta última pregunta conllevaría a hacer un ejercicio analítico de la temática del videojuego. Cosa que no voy a hacer aquí. Lo que si considero relevante es que esa pregunta pueda llegar a ser realizada en los espacios privados de las casas en las que nos encontramos.

 

¿Y si excretamos, nosotros, aquello divino que emerge en las condiciones en las que nos encontramos?

 

Antes de proseguir cabría preguntarnos: ¿qué es aquello divino a lo que me vengo refiriendo? Lo divino, como lo he construido para este texto, es aquello que genera lo prohibido, la repulsión conservada. No es por seguir cierta interpretación de Tótem y Tabú de Freud, sino para caer por la boca de la bestia sangrienta y aterciopelada de Bataille y plantearlo en los términos del erotismo. La expulsión de lo divino, siguiendo el erotismo de Bataille, viene dado por la irrupción de la ley en el corazón del ser. Una vez instituida la ley lo que genera es una serie de contradicciones que conllevan una vida sujeta a una serie de procesos dialécticos en los que se verá envuelto el sujeto. Sujeto este a la ley del discurso, aquello que tiene sentido, incluido en éste sus relaciones contrarias. El pecado y la necesidad de aplastar al erotismo es, precisamente, el origen del mismo. ¿Qué tiene que ver esto con Henry, su apartamento y la yuxtaposición parcial con la situación actual?

 

TOMADA DE PIKARA MAGAZINE

 

El erotismo rampante se halla allí fuera, más allá del agujero. Allí, en los restos degradados del erotismo encontramos fantasmas que amenazan con matarnos[27] y gente, protagonistas, que en realidad ya están muertos o enrolados en un delirio paranoide provocado por el miedo a que la ley los aplaste por entero, pero aun así requiriendo su presencia para no caer presos de algo peor, inimaginable. ¿Qué hacer con lo que, estando dentro, señala un afuera? No tengo idea sinceramente. Pero si sé, al menos, que ahí hay algo, y precisamente ese algo no pertenece al campo de lo mismo, sino de la otra cosa. “Al menos, es otra cosa”.

 

¿Qué rige esos mundos que se hallan más allá de las cuatro paredes? A esas virtualidades a las que, por ejemplo, no podemos acceder puesto que no han sido programadas, seguimos manteniendo la premisa cartesiana de que en la pregunta misma se halla no sólo el método sino el objeto de investigación. Es pues preciso atender que en esas cuatro paredes lo que está comenzando a regir aquel mundo virtual ya no son el dormir para descansar tras un día duro de trabajo o de variopinta interacción social, sino que se va a dormir porque ya es de noche y no queda nada más que hacer, además “ya me está entrando el sueño”.

 

En respuesta a la pregunta del párrafo anterior propongo otra pregunta: Más allá de las cuatro paredes: ¿qué rige los mundos dentro de estas cuatro paredes? Esa virtualidad de la que ya, paulatinamente, no somos del todo participes y que se halla más allá de la puerta principal se está viendo deteriorada por una razón paranoica y policial que, asumida, en lugar de interiorizar la ley fraternal se decanta por romper el lazo social poniéndose de parte de la policía o de la razón instrumental de la cual goza (inevitablemente goza, como muchas películas han vanagloriado con sketches cómicos toda colaboración con la policía haciendo de dicha conducta la cuna de todo reconocimiento social honorífico).[28]

 

En contraposición a esa puerta principal donde se hallan todos los titulares, se abre otra salida. En el caso de Silent Hill, encontramos la metáfora del agujero en la pared del baño junto al váter. ¿Qué rige estos mundos? Retorna, una vez más un no-saber que remueve el propósito del, tan propio, texto. Podría cubrirlo rememorando aquello dicho por Bataille entre la ley y el erotismo, pero no haría más que incurrir en otra vuelta a la tuerca en vez de otra vuelta de tuerca.

 

Sé, que este texto no habla sobre el COVID-19, pero aun así no cesa de aparecer como productor de síntomas debido a la cuarentena o como foco de posibles conspiraciones y tejemanejes alimentados por la paranoia del mismo confinamiento. ¿Qué hacer cuando un texto se ve amenazado por una pandemia? Recurrir a los agujeros de los cuartos de baño. Si como señala Žižek y luego retoma Preciado la idea de que el pensamiento puede verse representado en los urinarios (o, con Preciado, en el modo en el que el país responde particularmente ante la amenaza del virus), en cada casa, por ese agujero, se genera aquel mundo virtual reglado por los confinados. Habría que ver, a fin de cuentas, cuantos, de esos mundos, yuxtapuestos, dan como equivalente alguna forma que pueda asemejarse a algo así como otra cosa ante lo mismo. Un atentado contra la normalidad ficcional que nos empeñamos en camuflar y a la que se espera volver.

 

Según Luciano Lutereau,[29] recopilando información acerca de lo común de sus analizantes, reconoce que este confinamiento no solo sitúa nuevos duelos, sino que paraliza los que ya venían siendo. De esta forma, lo que nos encontramos es con que una parte del cuerpo dinámico hablado cotidiano se ha visto amputada y allá donde se solía ir a trabajar, estudiar, etcétera, ahora se encuentra uno con una tonelada de tiempo que pesa sobre sus espaldas que ni Tiger King o la revisión de antiguas series de televisión puede suplir. Al igual que los propósitos de año nuevo el cuerpo menguante hace su aparición para reposar sobre los planes de cuarentena. Por ese agujero que hay en el baño los miembros que componían la “normalidad” en la que estábamos sujetos se independizan y, dejando de formar parte de una ontología negativa, pasan a configurar la atmósfera de estos espacios virtuales, en su momento repudiados (exclusión inclusiva) de ese continuum mores.

 

Miembros clave, excretados. ¿Miembros clave para quién? El Gran Otro, aquel que venía promoviendo una realidad en la que “no pasaba nada” y que cierta normalidad era vendida con costumbrismos y comentarios costumbristas sobre la costumbre y sus producciones. Maquinaria autoerótica deseante. ¿Qué es lo “normal” sino “aquello que se sabe con totalidad” si nos atenemos al préstamo del griego gnōrimos? ¿No es acaso porque se “sabe”, que se padece? En clínica, propuesta la hiancia en aquellos sentidos ortodoxos del analizante que pasan por hetero, se atrofia la linealidad del sentido hasta el punto en el que la “a” se vislumbra como un relámpago a plena luz del día dentro de un cuarto oscuro.

 

No, este texto no está dirigido al acontecimiento del COVID-19, sino el de la otra cosa, otra vez.[30] Una actualización de los posibles mediante la pérdida. La pérdida, en este caso, de la puerta. Y la bienvenida de aquel agujero raro en el baño, justo al lado del váter. Como dice Luciano Lutereau: “[..] perder y ganar posibilidades es el tiempo. El tiempo siempre es futuro. Quienes conservan posibilidades viven en el pasado. El pasado es la negación del tiempo: es el espacio. Por eso se vive ‘en’ el pasado”.[31] Cabría aquí preguntarse: ¿cuánto espacio precisa la soledad del Uno?

 

Si vemos la historia de Henry, del ya presentado Silent Hill 4, vemos que éste precisa de lugares laberínticos y asfixiantes. ¿Qué tomo yo de esto? En estos lugares surrealistas encontramos que aquello que pertenecería al plano onírico hace ademanes por ser escuchado, tomado en consideración. Los fantasmas del pasado presionan el cráneo y provocan distorsiones. ¿Qué son? Aquellas cosas que no se solían ver pertenecientes, no al rango de lo invisible sino, a lo ineficiente. La voluntad de poder nietzscheana asumida por la emprendeduría funcional del capital supone la equivalencia de poder = velocidad.[32] Los destinos de Henry desplazan esta equivalencia y ponen otra en su lugar: otra cosa. Y no, no es una asunción de la vulnerabilidad naif o de un plano de la intimidad superflua, no, en este caso, si se trae la otra cosa, si se la pone en juego, es evidente que (razón por la que traje a este escrito la estética de la saga Silent Hill) lo que producirá el desplazamiento serán escenarios oxidados y putrefactos carcomidos por el silencio al que tanto tiempo estuvieron condenados al reincidente exilio de la cotidianeidad.

 

TOMADA DE IDEALISTA

 

Es pues, en estas cuatro paredes, en estos días de cuarentena, de soledad y aburrimiento, en los que, aquello que permaneció marginado, se muestre con augurio de un porvenir donde el espacio se reduzca y el tiempo se expanda hacia junto con la otra cosa.

 

En los escenarios, no solo los de Henry sino de los personajes de la saga de Silent Hill, vemos como el pasado traccionado con la sensibilidad del presente ante las dificultades de una virtualidad que siempre parece ajena aun siendo una, libera al protagonista de este pasado y le permite proyectar un futuro que le redime de su “you have not been paying attention”[33] tras volver a caer[34] en lo mismo. ¿Qué es lo mismo se preguntarán? Pues, siguiendo con la temática de los videojuegos, lo mismo sería volver a jugar a Los Sims, al Counter-Strike o al Call of Duty, y permitir que aparezca la otra cosa supondría distorsionar los mismos hasta tal punto que se descuelgue tanto como Henry al final del túnel del baño. Se juega con el nombre heredado,[35] no con un nickname. “Póngalo a mi nombre”.

 

Bibliografía

  1. Bataille, George, El erotismo, Tusquets, Buenos Aires, 2009.
  2. Concheiro, Luciano, Contra el tiempo: Filosofía práctica del instante, Anagrama, Barcelona, 2016.

 

Notas

[1] No, no “emosido engañado” como rezaba aquella pintada en Alcalá de Guadaíra el 2016. Aquí se mantendrán esos fantasmas del locker, esas rarezas con las que se sueña. No precisa este texto de duda metódica, de crisis o disrupciones famosas en estos días. No. El atentado se hace precisamente contra el propio cuestionamiento de la realidad, a la eliminación de la posibilidad de múltiples vectores actuando como si de una cebolla se tratara o un pastel de aniversario. No, no es el cumpleaños de nadie (que yo conozca hoy), sino que, al menos hoy, nos daremos el lujo de tomar la presencia como esencia, la apariencia como disimulo y verdad. Nada de telones de fondo como talones de Aquiles. Hoy escojo, me escoge, el pesimismo como marca de agua para este escrito que no habla del COVID-19, sino que lo hace, lo hago, lo hacemos, del Uno, la utopía distópica del pesimista, aquella en la que, solitario, enterrado bajo el peso de la melancolía, mantiene vivo aquello que ha muerto y, a pesar de ello, lo contrasta con una realidad que, por más que lo intente, no se le parece. Tomado por un edén particular, este texto recupera lo siniestro de este mismo paraíso para, en esta época de cuarentena, proponer ahondar en ello.
[2] Con ello no me refiero únicamente a la invasión de los medios de control ciudadano que, aprovechando estos momentos, nos sumen aún más en un avanzado panóptico tecnológico. Como dicen en el magazine DIS y sus cortometrajes, con su reformulación de la frase de McLuhan: “The Drone is the message”, yo pienso que hay dos líneas de intrusión en el cuidado de sí. Por un lado, el progreso tecnológico con, por ejemplo y sin irnos muy lejos, los drones. Y por otro una cierta “servidumbre voluntaria” que acepta la incorporación de esta tecnología en los hogares. “Because it’s fun” dicen en un momento del corto documental de DIS para luego sancionar dicha argumentación con una verdad más oscura (razón convergente con este escrito): si el medio es el mensaje, la tenencia de dichos medios no es más que la entrada divertida de productos de registro, de control. Se introduce en la cotidianeidad no un objeto más de consumo sino una parte del progreso tecnológico creado en primera instancia para servicios militares de vigilancia civil. Vivimos en una simulación de la democracia, acoplada con dinámicas neoliberales que hacen de la pandemia un estúpido chivo expiatorio por el que se cuelan crisis financieras, aumento de la vigilancia y abuso a civiles por parte de las autoridades policiales, y una ristra registrada de acontecimientos marginados por, precisamente, el enframed realizado por los medios de comunicación, tanto estatales como independientes (no en su mayoría, evidentemente). No habrá pues que caer en el falso dilema presentado por Heidegger cuando hablaba del progreso de la tecnología tomando como ejemplo el descubrimiento de la energía atómica. En este caso convendría en repasar qué y en qué sociedad se implementan estos mecanismos de control, de registro e identidad, y reconocer de una vez por todas la pulsión acéfala de la ciencia y la profunda cuestión ética que siempre se queda al margen por el astonishment que produce cada nuevo descubrimiento en el campo de la ingeniería tecnológica. Cfr. Hurwitz-Goodman, Jacob, “The Drone is the message”, en DIS Magazine (https://twitter.com/dis/status/1252618587845677057), consultado el 23 de abril de 2020.
[3] Aquí en particular hallé una noticia que trae ambos bandos de un hecho orwelliano. En este artículo escrito por Marcos Pinheiro para eldiario.es el día 21 de abril del 2020 bajo el título “El rastreo de la Guardia Civil de bulos y ‘fake news’ en las redes sociales preocupa a los expertos: ‹‹No están para eso››”, se trata sobre cómo catedráticos y profesores de universidad, entre otros, ven este hecho. Parte de lo que tendría que ser una primera línea de defensa contra el ciberterrorismo, se ponen a tratar comentarios de Twitter o de otras redes sociales para evitar que el estrés social o la hipocondría se generalice con estos bulos. ¿Hay algo que desentona en esta noticia? En absoluto. La manutención del realpolitik del estado español trata a sus ciudadanos con la mesura usual aprovechando un estado de shock ficcional cutre. El problema no está en que haya unos cuantos revisando con palabras clave los tweets que se hayan hecho, sino que la consigna que les auspicia para hacerlo no esté siquiera trabajada. Además, tal y como menciona Mercé Barceló, catedrática de Derecho Constitucional en la Universidad de Barcelona: “Esto no existe, la Guardia civil persigue delitos, no estrés social. No es su función, no están para eso. Para esto están los médicos, psiquiatras y psicólogos” dejando una veta abierta a la pregunta ¿por qué esta medida entonces? ¿qué se ha estado violando en su lugar? ¿Cuál es la consecuencia de estas fake news o bulos para los poderes del estado? ¿no se presentan todo el rato en el congreso de los diputados bulos de todo tipo que acusan, incriminan y atentan contra los representantes del partido opositor? Lo que cabría mirar, siguiendo la premisa de este escrito es, precisamente lo que dice la propia noticia: se señala una enorme cantidad de fake news o bulos allí donde probablemente haya noticias de verdad. Es una estrategia bastante burda, falsea toda publicación, se autoriza mediante un justificante de defensa civil (estrés social) y pa’lante. La verdad se hace difícil de ver entre la bruma. La niebla, aquella novela de Stephen King que apareció junto a otras de otros autores en la colección Dark Forces allá por el 1980, retrata muy bien aquello que creo la Guardia Civil creó: una bruma de la que emergen tentáculos y figuras que se asemejan a dinosaurios.
[4] Como desencadenante de esta noticia, tomada dicha conspiración como cierta, un bufete de abogados de Missouri ha promovido una demanda contra el partido comunista chino por el mal manejo de la pandemia y sus consecuencias en la sociedad civil estadounidense, al cual le exigen pagar una suma de 6,5 trillones de dólares. Viendo hercúlea tarea legal para terminar de pasar dicha demanda, el bufete se encuentra a la espera de la decisión del presidente y el congreso. Cfr. McLaughlin, Dan, “Missouri’s Misguided Lawsuit Against China”, en National Review (https://www.nationalreview.com/2020/04/missouris-misguided-lawsuit-against-china/), consultado el 24 de abril de 2020.
[5] Hay gente que intenta mantener las mismas dinámicas que tenía antes de la pandemia. Desde su casa buscan la forma de hacer lo mismo, rezando a la puerta de casa porque algún día le devuelva la normalidad de la que, y con la que, vivía/moría. ¿Es esa virtualidad acaso un estado de cuarentena previa a la dictaminada? ¿No se tenían antes ya unos cuantos virus? ¿Atentaban contra la vida o contra la otra cosa? Cfr. De una publicación en Instagram del Psicoanalista y Filósofo Lutereau, Luciano (https://www.instagram.com/p/B_VJ8mhg3zk/).
[6] Ir a la consulta del médico implica dos problemáticas: la primera y más evidente es que se pueda contraer el virus en el propio centro médico; y la segunda, también bastante obvia, las listas de espera para la consulta con el médico o bien son inexistentes o bien larguísimas. Por ello, la compra y uso de medicamentos en el hogar (ya sean los usuales antipiréticos o antiinflamatorios comunes como el uso de antidepresivos) ha aumentado exponencialmente debido a cierto “efecto llamada” como pasó con ciertos alimentos. Aquí, en Nueva Zelanda, donde me hallo confinado, la harina junto con, sí, el papel higiénico, escasearon antes que los propios bidones de agua.
[7] Si la economía sumergida padecía el día a día de una cartera que se llenaba con la venta en vivo de drogas o de directos de música o performances artísticas entre otros arreglos en negro, ahora forman paulatinamente parte de la arena del fondo. Una imagen grotesca que aúna las figuras escultóricas de La Pietà de Miguel Ángel o Laocoonte y sus hijos de Agesandro, Polidoro y Atenodoro de Rodas con un aglutinante de trap emo. No hay ERTE que apacigüe tampoco a los jóvenes que han decido, como propósito de año nuevo, independizarse de sus padres. Mal año para emprender aventuras. Los márgenes se achican, se aplastan con un afuera que no es más que otra gradación de marginalidad.
[8] Y mientras Friedrich Engels realiza una caricatura de Max Stirner allá por el 1842.
[9] No, no está lo real allí fuera. Eso es otra cosa, por ello podemos imaginar qué hay fuera. Cuando lo real aparece no hay posibilidad más que una vez ésta ha arrasado con todo y a la conciencia retornan no sólo las facultades de reflexión, sino también las de proyección fantástica consciente: lo imaginario y lo simbólico. Por poner un ejemplo tonto, ¿uno se imagina cómo sería salir con su amor platónico antes o después del flechazo? ¿No es acaso ese flechazo la irrupción violenta? ¿No es acaso semejante este movimiento violento el que realiza la próstata en el momento de la eyaculación? ¿No es acaso el flechazo la convergencia de varios factores en un instante?
[10] Puerta, cuyas ramificaciones etimológicas también contemplan portare o portus que significan llevar o puerto respectivamente.
[11] Primero de una serie de publicaciones realizadas por la editorial ASPO (Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio) que aúnan textos transversales en torno a la pandemia, cuyas publicaciones cesarán hasta que la misma termine. Cfr. Viramontes, Sofía, “Sopa de Wuhan: apuntes sobre la pandemia”, en Gatopardo, (https://gatopardo.com/arte-y-cultura/sopa-de-wuhan-apuntes-de-filosofos-sobre-la-pandemia/), consultado el 24 de abril de 2020.
[12] Cfr. Koshy, Johann, “Pandemic! by Slavoj Žižek review – the philosopher provides his solution”, en The Guardian,  (https://www.theguardian.com/books/2020/apr/23/pandemic-by-slavoj-zizek-review-the-philosopher-provides-his-solution), consultado el 24 de abril de 2020.
[13] Cfr. Tévez, Oscar, “La cuarentena es mala para el amor: cómo el coronavirus ha precipitado los divorcios en una ciudad de china”, en El País, (https://elpais.com/elpais/2020/03/11/icon/1583929050_192802.html), consultado el 22 de abril de 2020.
[14] Cfr. Farreras, Carina, “Por qué no es un aprobado general”, en La Vanguardia,
(https://www.lavanguardia.com/vida/20200416/48557684529/aprobado-general-promocion-general-ministra-curso-escolar.html), consultado el 20 de abril de 2020.
[15] Convendría no sólo resaltar la aparición y repercusión mediática de este juego de Nintendo® sino también de otros dos juegos de finales de los 90 que han recibido un “remake” (aunque la opinión pública señala más bien un “re-imagining” de sendos títulos). Ellos son Resident Evil 3 y Final Fantasy VII. ¿Son acaso estos dos “remake” la señal de que el capitalismo precisa no de renovar sus fundamentos sino de hacerse con una virtualidad más “realista”? Estos dos videojuegos emplean motores gráficos de última generación que imitan no sólo texturas sino sus dinámicas físicas al interactuar con la luz u otros objetos o climas. Es por ello que, con estos “remake” no sólo se atraiga la atención de un público de otra generación para “ver que han hecho con el clásico” sino también la atención de los que tienen en su cabeza clásicos ya sumidos en la tiranía del realismo digital. ¿Qué pasa con estos dos que han sido publicados en plena época de cuarentena? Evidentemente son “money grabbers”, pero ha sucedido algo notable. A estos juegos se les ha sumado no sólo la categoría de nuevo como “remake” sino que, además, en plena reclusión domiciliaria, se los toma como pasatiempo ante el aburrimiento del claustro obligatorio. ¿Qué sucede? Estamos jugando a algo viejo, renovado, caro y cuya función no es solamente la de rememorar un clásico sino la de escapar del aburrimiento y el hastío de la falta de organización (o la obsesión organizativa) de la reclusión. La fórmula de oferta del “remake” y la explotación de lo viejo queda parcialmente suspendida en el aire ante los estados de excepción de hoy día. La emoción del estreno se ve aguada por la urgencia de un nuevo juguete con el que pasar el tiempo y subyugar la imaginación, a la fascinación por las imágenes tridimensionales cada vez más realistas de la pantalla, antes de ser secuestrados por la propia producción fantástica. Este último secuestro, abandono a dicha producción, es a la que se refiere este texto.
[16] Aburrimiento, soledad o cualquier otra cosa que diga un/a psicólogo/a no hace más que taponar cualquier otra palabra posible. Entradas como las del ABC es pura gestión carroñera de sentidos en ante la planicie elevada que provoca la angustia. Cfr. Alcolea, Raquel, “Por qué se piensa más en los «ex» en el confinamiento y se fantasea con llamar”, en ABC, (https://www.abc.es/bienestar/psicologia-sexo/sexualidad/abci-piensa-mas-confinamiento-y-fantasea-llamar-202004160403_noticia.html), consultado el 20 de abril de 2020.
[17] Lo que tenemos es que el estadio previo a la excreción (agente ficcional), el Uno, no era más que un órgano más dentro del sistema orgánico de la portadora hasta que llega el día de su parto. En el momento en el que se separa de la madre, se corta el cordón umbilical una vez extraído el cuerpo. En ese momento, el Uno deviene no sólo excretado, sino que deviene “execrador”, es decir, adquiere la cualidad de(l) verbo. Tras esto, ello no recurre más que a la vivencia emulada y fenoménica de la excreción primigenia, por ello, en mi opinión, el suicidio, lo que pretende, no es acabar con la vida, sino con la conciencia de ella, es decir, retornar a la condición de nombre descualificada. Es por ello que, cuando en psicoanálisis se habla del deseo del Otro se habla de la pulsión de muerte o lo imposible: el Otro, la madre, solo es insistencia, precisamente, la que mantiene la vida tras haberle execrado. Es pues, el Otro, el que “conserva” el recuerdo imposible del Uno antes de serlo.
[18] Nótese que, dentro de aquello que era estar dentro del feto separados por la laminilla, aquel mito lacaniano que viene a explicar la pérdida fundamental que será la génesis, matriz, de todos los demás para el sujeto, de la madre, es precisamente aquello sagrado que nos unía a ella. Es pues, en esta execración, de lo divino, mítico, que se le trae aún más cerca y se lo habita, por inercia, como objeto-perdido-ya. La interrogación del sujeto al deseo del Otro “¿Qué soy para ti?” presenta escenarios, en mi opinión, inhóspitos donde lo Unheimliche freudiano no cesa de aparecerse bajo la pregunta neurótica “¿por qué?” en busca de un sentido a los sueños eróticos y actos fallidos en plena cuarentena.
[19] Es evidente que la práctica de “bendecir estos alimentos antes de ser comidos” no es usual para las familias contemporáneas secularizadas. Es precisamente por esta secularización por la que se mantiene la bendición. En mi opinión la secularización se da justo en el momento en el que se “paga” por el sustento en el supermercado o se da las gracias en el banco de alimentos. En esa transferencia la dimensión de “bendecido” queda habilitada y uno es libre de salir del supermercado y tomarse su refresco o comerse un plato prepreparado. No se restan de la fórmula los picoteos o los tastes que se hacen antes de servir la comida en la mesa o antes de pasar por caja, un mínimo de incorrección como para mantener la ley vigente.
[20] Es evidente que esto es una blasfemia para un psicoanalista. Sabemos, que en el fondo de todo sueño está lo real, y lo real como impensable es la muerte. Por ello, lo que hallamos en los sueños no es solamente un fuerte componente de “censura” proveniente del deseo, sino que lo imposible de ser pensado, la pulsión de muerte, copa en su mayoría la trama onírica. Si digo “lo reprimido” es precisamente aquello que queda expuesto conjuntamente con un viraje ocular, una deformación, una de las muchas caras de la muerte.
[21] Como si fuese un espíritu sin cielo o infierno. Ante la inexistencia de un heaven or hell el espíritu no tiene más remedio que retornar de aquello de lo que proviene, la materia (en el sentido que le podría dar Merleau Ponty con su concepto de carne, producto del funcionamiento del dispositivo del quiasma desarrollado al final de Le visible et l’invisible). No sería un limbo, ya que éste sostiene tanto a los que van para arriba como los que van para abajo. En este caso sería un movimiento orgánico en el que la transmutación fuese no sólo la forza prima sino la razón por la cual se desprenderían el resto de fuerzas vectoriales. Se mantiene viva en la medida en que mantiene la vida frente a su tensión interna con la muerte.
[22] Es como aquellos monstruos que aparecen en los videojuegos de terror como Alien Isolation o Amnesia: The Dark Descent, que por un lado hacen que el jugador se vea en un aprieto, pero al mismo tiempo es la confirmación de que vamos por buen camino para proseguir en la historia y cumplir con el objetivo de “descubrir la verdad” o “escapar de la atmósfera opresiva”.
[23] Si, también vemos como mutan las repercusiones del COVID-19 en los diferentes sectores de la sociedad. Hay respuestas, acciones, testimonios, registros, gritos, desnudos, y gestos desesperados que no pasan desapercibidos ante los ojos enganchados de los aburridos.
[24] Post-procesado de alimentos ingeridos. No es baladí pensar en ese dicho “café y cigarro, muñeco de barro”. Con el café usualmente nos mantenemos despiertos (en algunos casos la gente se duerme, pero son vistos como raros ante el común del consumidor) y el cigarrillo consuela el estrés diario por donde la pulsión oral va a descargarse inhalando humo para después expulsarlo mientras los labios ejercen su función al succionar. ¿Qué es lo que nos mantiene despiertos, provoca ansiedad y a la par pretende estabilizar con cierto principio homeostático todo el conjunto? ¿No se encarna acaso la utopía del trabajador autorregulado y biopolitizado que se mantiene despierto y controla sus desvaríos de estrés siguiendo estos dichos populares? Aquí me encargo de la otra cosa. Lo desagradable que queda en los albores de la dicotomía perfección-imperfección. Por hacer la distinción más clara la otra cosa pertenece al campo tópico de lo inconsciente, proceso primario, mientras que aquello que preconsciente-consciente, proceso secundario, convendría en estas formas de hablar dicotómicas donde lo mismo es aplana la curvatura inconsciente del aparato psíquico.
[25] Aunque, no pormenorizaré la cuestión surrealista a la que evoca el videojuego como se verá más adelante.
[26] El uso de maquinaria de impresión 3D por particulares a gran, mediana o pequeña escala, provoca que ya no sea lo mismo para varios sectores de la sociedad. Tras la liberación de las patentes de dichas impresoras en 2009 de la mano rácana de Stratasys, los ahorros en logística y en materiales para la fabricación de piezas son tremendos, sino que, además, se abre la posibilidad de compartir escaneos 3D de figuras o planos para construir herramientas de uso cotidiano. En lugar de comprar la herramienta, ahora se tendrá que comprar únicamente la materia prima para llevar a cabo la formación de dichas piezas. Y sí, se hacen respiradores artificiales. Cfr. García Campos, Juan Manuel, “Imprimir el mundo”, en La Vanguardia
(https://www.lavanguardia.com/magazine/20140228/54402508218/impresora-3d-magazine-reportaje.html), consultado el 23 de abril de 2020.
[27] El deseo de una vida eterna encarnado en una figura penitente que vaga por sus recuerdos condenada a vivir sin fin, sin ley. Más allá de la ley hay menos que nada y más que todo.
[28] Colaborar con la policía, al igual que la violencia estructural que no se ve y que Naomi Klein se ha encargado de denunciar y señalar con las distintas doctrinas del shock, se da más seguido que de costumbre. Allí donde hay un hueco a la pregunta del “¿qué hacer?” siempre estará disponible el número de la policía para que no sólo respondan, sino para que calmen simbólicamente la erupción de un acontecimiento. Es decir, allí donde “no suele pasar nada” debe permanecer así. No es lo mismo bloquear a alguien en una red social que mandarlo a pastar fang. Algo más cabría decir con respecto al reconocimiento social honorífico. Hay, en la historia del cine, películas que se han encargado de señalar precisamente este tipo de escenarios, pero apuntando a su cara oculta. Allí donde todo termina en honorífico ellos han decidido poner el hincapié en lo “horrífico”, donde el triunfo de lo deseado acaba por convertirse en una pesadilla. Robocop, sin irnos muy lejos es una muestra de ello. El agente Alex J. Murphy se convierte en el policía total, atrapado de por vida en la utopía carcelaria de Bentham como agente del panóptico. U otro caso como la película de David Cronenberg, Videodrome, en la que Max Renn, presidente de una de las cadenas de televisión en Toronto decide buscar algo para motivar a la audiencia a visionar su programación hasta tal punto que acaba convirtiéndose él en parte de ese mundo grotesco que pretendía promocionar con videos snuff y demás contenido pornográfico.
[29] Cfr. Sánchez Mariño, Joaquin. “El mes en que nos cambió la vida: economistas, filósofas y psicólogos analizan qué nos espera” en Infobae (https://www.infobae.com/sociedad/2020/04/20/el-mes-en-que-nos-cambio-la-vida-economistas-filosofas-y-psicologos-analizan-que-mundo-nos-espera/), consultado el 20 de abril de 2020.
[30] Vengo hablando de la otra cosa en otros artículos publicados previamente y no cesa de aparecer en mi tesis doctoral. La presencia de la otra cosa en la escritura ha sido una continua odisea, una constante constituida por el abandono y encuentros con distintos objetos nuevos produciendo distintas composiciones, arbitrariedades y Licking of senses, término éste que no sólo se refiere a lamer sino en machacar ese sentido que no cesa de aparecerse, traído el significante el proceso de significación tiene que ser no solo tomado, lamido, sino por otro lado machacado. Es como en aquella película de clase B (o Z por lo de los zombies) titulada The Video Dead del 1987 en el que, ya terminando la película, Zoe, una de las protagonistas les tiende una trampa a los zombies tratándoles como si no fuesen zombies para, a continuación, encerrarlos en el sótano de la casa provocando que retornen estos a la pantalla de la que salieron. El problema es que, como bien explicita la película, Zoe es llevada a un “loquero” (como suelen ser presentados por la pantalla Hollywoodiense, no un centro de atención psiquiátrica) al que sus padres van a visitarla y, pensando que podría ayudarla a recuperar su cordura, le traen de vuelta el origen de su pesadilla, la televisión. De esta forma no solamente vemos como aquello que tenía que permanecer escondido en el sótano (o desván, no queda claro), como la madre de Norman Bates en Psycho de Hitchcock, retorna de la mano de sus padres. La herencia (ya sea la televisión del antiguo propietario de la casa en la que vivía Zoe) retorna como una pesadilla puesto que no es más que el deseo de otro. En este texto, precisamente, no sólo se trata de esta cuestión sino también de como esta producción onírica de cuarentena y estar confinados en nuestros hogares revela una utopía concreta que, al igual que Zoe puede vivirse en un manicomio Hollywoodiense o bien tratar a los zombies como lo que realmente son, cadáveres vivos, herencia encarnada y putrefacta. No es una apología de la melancolía, sino una revitalización de la misma como conteniente de órganos funcionales cuya axiomática promueve los vectores que suelen coordenar la realidad. Del mismo modo que para Bates su madre muerta en el sótano es el órgano vivo que habilita una versión de entre todas las posibles herencias que podía Bates realizar y coordenar.
[31] Otra publicación extraída del perfil de Luciano Lutereau (https://www.instagram.com/p/B_NnMnZgN2Y/).
[32] Cfr. Concheiro, Luciano, Contra el tiempo: Filosofía práctica del instante, ed. cit., pp.119-120.
[33] Parte de la letra de una canción de la banda de música Radiohead titulada 2+2=5 publicada en su disco del 2003, Hail to the Thief.
[34] La cuestión no se revela como un proceso de intercambio del ser entre una inautenticidad a una autenticidad como la propondría Heidegger o una película de Disney®, sino que, por otro lado, lo que en este texto se pretende presentar es la asunción de la otra cosa cuyas consecuencias no son más que singulares. Se puede caer en lo mismo, pero ello implicaría que ese escenario ha sido desplazado. Al igual que aquel clásico del cine japonés, Historia del último Crisantemo, del 1939, vemos como los últimos artistas enfocados en el teatro kabuki sobreviven a pesar de su baja rentabilidad. Son pues estos artistas el último residuo que, siendo poco rentable, hablan de la imposibilidad de una herencia y la necesidad de la misma de asumirse en un presente con piloto automático. En una línea semejante encontramos a MiracleMan de Allan Moore en el que éste responde a la pregunta “¿qué pasaría si los superhéroes existiesen en una realidad como ésta?”, yendo de esta forma más allá de la simple proposición de un superhéroe como Superman de Action Comics que lucha contra el crimen. La crudeza, tanto de la película de Kenji Mizoguchi como del comic de Alan Moore, manifiesta, entre otras muchas líneas de fuga, como los escenarios de Silent Hill, con el óxido y las ruinas podridas de lugares conocidos, lo silenciado, evadido, “pasado por alto” o “por lo bajini”, no es que retorne, es que invade la conciencia mientras no se cesa de ir hacia lo mismo. La otra cosa arremete violentamente para, radicalmente, atenerse a lo que hay. Caer en esos lares supone reconocer que, en su mayoría, el cuestionamiento ético contemporáneo, es una producción ad hoc de una línea de fabricación de lo mismo. No hay en ello ninguna brecha por la que escapar a la otra cosa. El trolley problem te hace pensar en la palanca y sus consecuencias. ¿De dónde proviene esta decisión que se ha de tomar? ¿Qué se ha heredado? ¿Qué se ha eliminado de las ecuaciones existenciales con las que se elaboran equivalencias diarias?
[35] La condición de heredado implica autoconciencia de aquello que se es tomado del deseo materno y la doble prohibición de la función paterna. Para que la condición de heredado se dé es precisa pues la autoconciencia de aquello que se ha elegido inconscientemente y hecho propio mediante el pronombre “yo” anclado en la equivalencia A es A, una vez instituida La Ley, uno de los Nombres del Padre, metáfora del deseo materno.